Dos poetas “novísimos”: Pere Gimferrer y Leopoldo María Panero


Pere Gimferrer (1945)

 

Pequeño y triste petirrojo (de Arde el mar)

 

Oscar Wilde llevaba

una gardenia en el pico.

Color gris, color malva en las piedras y el rostro,

más azul pedernal en los ojos, más hiedra

en las uñas patricias, ebonita en las ingles de los faunos.

No salgáis al jardín: llueve, y las patas

de los leones arañan la tela metálica del zoo.

Isabel murió, y estaba pálida,

una noche como ésta.

Hay orden de llorar sobre el bramido estéril de los acantilados.

Un violín dormirá? Unas camelias?

Y aquel pijama rosa en pie bajo la lluvia.

 

Primera visión de marzo – IV (de Arde el mar)

 

Ordenar estos datos es tal vez poesía.

El cristal delimita, entre lluvia y visillos,

la inmóvil fosforescencia del jardín.

Un aro puede arder entre la nieve bárbara.

Ved al aparecido y su jersey azul.

Así puedo deciros

esto o aquello, aproximarme apenas

a la verdad inaprensible, como

buscando el equilibrio de una nota indecisa

que aún no es y ya pasó, qué pura.

Violines o atmósferas.

Color muralla, el aire

proyectando más aire se hace tiempo y espacio.

Así nosotros

movemos nuestras lanzas ante el brumoso mar

y son ciertas las luces, el sordo roce de espuelas y correaje,

los ojos del alazán y tal vez algo más, como en un buen cuadro.

 

Brown eyes (12-IV-2004) (de Amor en vilo)

 

Me decías que el viento no tenía tus ojos.

En los altos del aire, la luz estremecida

arde con dos diamantes que me incendian la vida:

en tu mirada el sol ha encendido sus rojos.

De mi vida me quedan inflamados despojos

y porque tú me miras ha vuelto a ser mi vida:

por tus ojos no vivo la noche derruida

y no veo la muerte si me miro en tus ojos.

Así el tigre acosado, así la noche en llamas

se salvan si los miras y hacia tu luz los llamas,

como yo me he salvado del collar de la muerte:

en tus ojos me salvas y en tus ojos me amas;

voy entero al imán de tus ojos al verte;

dame, para vivir, esta luz que proclamas.

 

Leopoldo María Panero (1948)

 

Deseo de ser piel roja (de Así se fundó Carnaby Street)

 

La llanura infinita y el cielo su reflejo.

Deseo de ser piel roja.

A las ciudades sin aire llega a veces sin ruido

el relincho de un onagro o el trotar de un bisonte.

Deseo de ser piel roja.

Sitting Bull ha muerto: no hay tambores

que anuncien su llegada a las Grandes Praderas.

Deseo de ser piel roja.

El caballo de hierro cruza ahora sin miedo

desiertos abrasados de silencio. Deseo

de ser piel roja.

Sitting Bull ha muerto y no hay tambores

para hacerlo volver desde el reino de las sombras.

Deseo de ser piel roja.

Cruzó un último jinete la infinita

llanura, dejó tras de sí vana

polvareda, que luego se deshizo en el viento.

Deseo de ser piel roja.

En la Reservación no anida

serpiente cascabel, sino abandono.

DESEO DE SER PIEL ROJA.

(Sitting Bull ha muerto, los tambores

lo gritan sin esperar respuesta. )

 

La poesía destruye al hombre… (de El último hombre)

 

La poesía destruye al hombre

mientras los monos saltan de rama en rama

buscándose en vano a sí mismos

en el sacrílego bosque de la vida

las palabras destruyen al hombre

¡y las mujeres devoran cráneos con tanta hambre

de vida!

Sólo es hermoso el pájaro cuando muere

destruído por la poesía.

 

A mi madre (reivindicación de una hermosura) (de Poemas del manicomio de Mondragón)

 

Escucha en las noches cómo se rasga la seda

y cae sin ruido la taza de té al suelo

como una magia

tú que sólo palabras dulces tienes para los muertos

y un manojo de flores llevas en la mano

para esperar a la Muerte

que cae de su corcel, herida

por un caballero que la apresa con sus labios brillantes

y llora por las noches pensando que le amabas,

y dice sal al jardín y contempla cómo caen las estrellas

y hablemos quedamente para que nadie nos escuche

ven, escúchame, hablemos de nuestros muebles

tengo una rosa tatuada en la mejilla y un bastón con empuñadura en forma de

[pato

y dicen que llueve por nosotros y que la nieve es nuestra

y ahora que el poema expira

te digo como un niño, ven

he construido una diadema

(sal al jardín y verás cómo la noche nos envuelve)

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