Poesía pura: algunas ideas de Paul Valéry


Los siguientes fragmentos están elegidos en función de su relevancia para comprender un importante debate poético de los años 20: el relativo a la poesía pura. Más allá de esta importancia coyuntural, las reflexiones de Valéry tienen una importancia histórica (subrayo la distinción entre lo coyuntural y lo histórico), en cuanto nos ayudan a entender el contexto de historia cultural que hace posible la poesía simbolista, sobre todo la de su última fase, la que convive con las vanguardias. Y también son valiosas en sí mismas, en cuanto plantean algunas cuestiones básicas de la poesía y exponen una de las respuestas posibles (no la única válida, claro) a esas cuestiones.

 Sólo quisiera añadir una observación sobre ciertas coincidencias terminológicas que no son en absoluto superficiales: cuando Valéry se refiere a los límites del mundo, recuerda a la idea de Wittgenstein sobre “arremeter contra los límites del lenguaje”, enunciada en su Conferencia sobre ética.  Por otro lado, el término moradas, usado precisamente cuando considera que la poesía es un trabajo sobre uno mismo. ¿Lo habrá tomado directamente de Santa Teresa? Porque Valéry expresó su interés por San Juan de la Cruz.

Introducción al conocimiento de la diosa (1920, pról. a Fabre)

Vemos, hacia la mitad del siglo xix, afirmarse en nuestra literatura una notable voluntad de aislar definitivamente la Poesía de cualquier otra esencia ajena. Semejante preparación de la poesía en estado puro había sido predicha y recomendada con la mayor precisión por Edgar Poe.

12

Parece que el pensamiento abstracto, en otro tiempo admitido en el Verso mismo, habiéndose hecho casi imposible de combinar con las emociones inmediatas que se deseaba provocar a cada instante, exilado de una poesía que se quería reducir a su propia esencia, amedrentado por los efectos multiplicadores de sorpresa y de música que el gusto moderno exigía, se hubiera trasladado a la fase de la preparación y en la teoría del poema. La filosofía, e incluso la moral, tendieron a huir de las obras para situarse en las reflexiones que la preceden. Se trataba de un auténtico progreso.

16

Hay que suponer que nuestra vía era la única; que mediante nuestro deseo llegábamos a la esencia misma de nuestro arte, y que verdaderamente habíamos descifrado el significado de conjunto de las labores de nuestros ancestros, recogido lo que se manifiesta más delicioso en sus obras, compuesto nuestro camino con esos vestigios, seguido hasta el infinito esa pista preciosa, favorecida de palmas y de pozos de agua dulce; en el horizonte, siempre, la poesía pura… Allí el peligro; allí, precisamente, nuestra pérdida; y allí mismo, el fin.

Pues una verdad de esta clase es un límite del mundo; no está permitido establecerse. Nada tan puro puede coexistir con las condiciones de la vida. Atravesamos solamente la idea de la perfección como la mano corta impunemente la llama; pero la llama es inhabitable, y las moradas de la serenidad más elevada están necesariamente desiertas.

18-19

Cuestiones de poesía (1935)

El Poeta, sin saberlo, se mueve en un orden de relaciones y de transformaciones posibles, de las que no persigue más que los efectos momentáneos y particulares que tienen importancia en determinado estado de su operación interior.

37

El poeta dispone de las palabras muy diferentemente de lo que lo hacen la costumbre y la necesidad. Son sin duda las mismas palabras, pero en absoluto los mismos valores. Es el no-uso, el no decir “que llueve” es su que hacer, y todo lo que afirma, todo lo que demuestra que no habla en prosa es bueno para él. Las rimas, la inversión, las figuras desarrolladas, las simetrías y las imágenes, todo ello, hallazgos o convenciones, son otros tantos medios de oponerse a la vertiente prosaica del lector (lo mismo que las famosas “reglas” del arte poético producen el efecto de recordar incesantemente al poeta el universo complejo de este arte). La imposibilidad de reducir a prosa su obra, de decirla, o de comprenderla en tanto que prosa son condiciones imperiosas de existencia, fuera de las cuales esta obra no tiene poéticamente ningún sentido.

42

Poesía y pensamiento abstracto (1939; Varieté v, 1944)

He observado en mí mismo tales estados que puedo llamar Poéticos, puesto que algunos de ellos han acabado […] en poemas. Se han producido sin causa aparente, a partir de un accidente cualquiera; se han desarrollado de acuerdo con su naturaleza, y de ese modo, me he encontrado durante algún tiempo separado de mi régimen mental más frecuente.

p.77

¿Cuál es esta especie de emoción [la poética]?

La conozco en mí por ese carácter de todos los objetos posibles del mundo ordinario exterior o interior, los seres, los acontecimientos, los sentimientos y los actos que, permaneciendo como son comúnmente en cuanto a sus apariencias, se encuentran repentinamente en una relación indefinible, pero maravillosamente afinada con los modos de nuestra sensibilidad general. Es decir que esas cosas y esos seres conocidos —o mejor las ideas que los representan— cambian en alguna medida de valor. Se llaman los unos a los otros, se asocian muy diferentemente a como lo hacen las formas ordinarias; se encuentran (permítanme esta expresión) musicalizados, convertidos en resonantes el uno por el otro, y casi armónicamente correspondientes. El universo poético así definido presenta grandes analogías con lo que podemos suponer del universo del sueño.

79

Ese estado de poesía es perfectamente irregular, inconstante, involuntario, frágil, y que lo perdemos, lo mismo que lo obtenemos, por accidente. Pero ese estado no basta para hacer un poeta, como tampoco basta ver un tesoro en sueños para encontrarlo.

80

Un poeta —no les choquen mis palabras— no tiene como función sentir el estrado poético: eso es un asunto privado. Tiene como función crearlo en los otros. Se reconoce al poeta —o al menos cada uno reconoce al suyo— por el simple hecho de que convierte al lector en “inspirado”.

80

Tan pronto como esta forma sensible [el lenguaje] adquiere por su propio efecto una importancia tal que se impone, y se hace, de alguna manera, respetar; y no sólo notar y respetar, sino también desear y por lo tanto recuperar —cuando algo nuevo se declara: estamos insensiblemente transformados, y dispuestos a vivir, a respirar, a pensar de acuerdo con un régimen y bajo leyes que ya no son del orden práctico—, es decir que nada e lo que suceda en ese estado se resolverá, acabará o abolirá por un acto determinado. Entramos en el universo poético.

86

[En este punto propone la famosa analogía: caminar es a danzar, como la prosa es a la poesía.]

90-91

[Las palabras de un verso] actúan sobre nosotros (al menos sobre algunos de nosotros) sin enseñarnos gran cosa. Nos enseñan quizá que no tienen nada que enseñarnos; que ejercen, con los mismos medios que, en general, nos enseñan algo, una función muy distinta. Actúan sobre nosotros a la manera de una acorde musical.

p.96

Un poema es una especie de máquina de producción del estado poético por medio de las palabras.

p.100

Palabras sobre la poesía (conferencia de 1927 publ. en 1928)

Restituir la emoción poética a voluntad, fuera de las condiciones naturales en las que se produce espontáneamente y mediante los artificios del lenguaje, tal es el propósito del poeta, y tal es la idea unida al nombre de poesía, tomada en el segundo sentido.

Entre esas dos nociones existen las mismas relaciones y las mismas diferencias que las que se encuentran entre el perfume de la flor y la operación del químico que se aplica para reconstruirlo por completo.

p.136

Esa clase de emociones se distingue de todas las demás emociones humanas. […] La separación es bastante difícil de realizar, pues nunca se ha cumplido en los hechos. Siempre encontramos mezclados con la emoción poética esencial la ternura o la tristeza, el furor, el temor o la esperanza; y los intereses y efectos particulares del individuo no dejan de combinarse con esta sensación de universo, que es característica de la poesía.

137

Pero el hombre solamente es hombre por la voluntad que tiene de restablecer lo que le interesa sustraer a la disipación natural de las cosas. Así el hombre ha hecho por esta emoción superior lo que ha hecho o ha intentado hacer por todas las cosas perecederas o dignas de añoranza. Ha buscado, ha encontrado medios para fijar y resucitar a voluntad los estados más bellos y más puros de sí mismo, para reproducir, transmitir y guardar durante siglos las fórmulas de su entusiasmo, de su éxtasis, de su vibración personal; y, por una afortunada y admirable consecuencia, la invención e esos procedimientos de conservación le ha dado al mismo tiempo la idea y el poder de desarrollar y enriquecer artificialmente los fragmentos de vida poética de los que su naturaleza le hace por instantes el don. […] Una obra no es otra cosa que el instrumento de esa multiplicación o regeneración posible.

138-139

Si la poesía actúa verdaderamente sobre alguien no es dividiéndolo en su naturaleza, comunicándole las ilusiones de una vida de ficción y puramente mental, no es dividiéndolo en su naturaleza, comunicándole las ilusiones de una vida de ficción y puramente mental. No le impone una falsa realidad que exige la docilidad del alma y la abstención del cuerpo. La poesía debe extenderse a todo el ser; excita su organización muscular con los ritmos, libera o desencadena sus facultades verbales de las que exalta el juego total, pues trata de provocar o reproducir la unidad y la armonía de la persona viviente, unidad extraordinaria, que se manifiesta cuando el hombre es poseído por un sentimiento intenso que no deja de lado ninguna de sus potencias.

151-152

Esas expresiones, salidas de la emoción, sólo son puras accidentalmente, llevan consigo muchas escorias, contiene cantidad de defectos cuyo efecto sería obstaculizar el desarrollo poético e interrumpir la resonancia prolongada que finalmente se trata de provocar en un alma extraña.

156

Necesidad de la poesía (1937)

[Cuando mi generación era joven,] las religiones habían sufrido los asaltos de la crítica filológica y filosófica. La metafísica parecía exterminada por los análisis de Kant. Teníamos ante nosotros una especie de página blanca y vacía, y sólo podíamos escribir una única afirmación. Ésta nos parecía inquebrantable, al no estar basada ni en una tradición que siempre se puede contestar, ni en una ciencia de la que siempre se pueden criticar las generalizaciones, ni en textos que se interpretan como se quiere, ni en razonamientos filosóficos que sólo viven de hipótesis. Nuestra certidumbre era nuestra emoción y nuestra sensación de la belleza.

160

Valéry, Paul. Teoría poética y estética. T. Carmen Santos. Madrid: Visor, 1990.

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One Comment to “Poesía pura: algunas ideas de Paul Valéry”

  1. Gracias, Raúl, por la mención de la entrada sobre Blake. Las notas de Valéry, tengo que leerlas con detención. Ya me transformé en seguidor de tu blog. Te invito al mío, con mucho agrado
    Lino

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