Blanco White, “Discurso sobre la poesía”, 3: Los poetas, fundadores de sociedades


 Supongamos ahora que entre esos hombres nuevamente reunidos, y que empiezan a conocer el placer de comunicarse, nace uno cuyos órganos sumamente sensibles reciben las sensaciones con extraordinaria viveza, cuya garganta flexible y sonora expresa con nueva gracia los elementos del rudo lenguaje de sus compañeros. Éste sin duda atraerá la atención de todos y bastará que hable para que un pueblo penda de su boca. En breve el placer de hacerse escuchar le hará conocer sus fuerzas, las estudiará, perfeccionará el lenguaje, seguirá su analogía, su razón se formará con este auxilio, y hecho superior a sus semejantes, usará de sus luces para enlazarlos más y más en sociedad. […] Desde aquel instante, nadie podrá romper la cadena de los bienes y de los males con que la reunión de los hombres inunda toda la tierra.

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