Francisco de Goya: La familia de Carlos IV (detalle)


Carlos IV (1748-1819), rey de España de 1788 hasta 1808, cuando “lo abdicó” Napoleón. Sucedió a Carlos III, el más dinámico e inteligente de los reyes españoles del siglo XVIII y gran impulsor de las Reformas Borbónicas, las cuales pretendían devolver a España su lugar entre las potencias europeas. Dichas reformas no siempre beneficiaron a los súbditos (basta recordar que terminaron llevando a las guerras de independencia en América), pero traían consigo el espíritu y la influencia la Ilustración. Grandes hombres, como Gaspar Melchor de Jovellanos, se unieron a las tareas de gobierno en la confianza de que, sirviendo a su rey, servían al pueblo español.

Carlos IV comenzó su reinado prosiguiendo con las reformas de su padre, pero éstas chocaron pronto con la realidad. En 1789, la Revolución Francesa atemorizó a la corte y al gobierno y los llevó a cambiar el reformismo por la represión. Además, la fuerte influencia de la reina María Luisa de Parma y de su valido, Manuel Godoy (miembro de la pequeña nobleza cuyo rápido ascenso, desacorde a sus capacidades, lo hizo objeto de acusaciones como la de ser amante de la reina), fue otro factor de desprestigio para el monarca. Bajo Godoy, ya fuera por sus limitaciones o por la mala fortuna de ser primer ministro en tiempos de Napoleón, España recorrió el camino que al fin la condujo a la catástrofe de 1808. Así, a esta familia real y a su valido los envuelve una leyenda ¿negra? con dos fuentes distintas: los reaccionarios, rabiosos contra su iluminismo, y los patriotas liberales, para quienes las reformas de Carlos IV y de Godoy fueron insuficientes o contradictorias (sin contar que al fin entregaron España al Imperio).

Ello se refleja en las interpretaciones de este retrato. Al parecer, los historiadores del arte más serios hallan aquí una atmósfera de calidez hogareña aburguesada, en la que -según leemos en la Wikipedia- se “da prioridad a mostrar una idea de la educación basada en el cariño y la activa participación de los padres, lo que no siempre era usual en la realeza. La infanta Isabel lleva su niño muy cerca del pecho, lo que evoca la lactancia materna; Carlos María Isidro abraza a su hermano Fernando en un gesto de ternura”. Pero a lo largo de estos dos siglos no ha faltado quien vea en este cuadro el espíritu del Goya saturniano, quien nos mostraría a una familia real de fisonomías grotescamente decadentes.

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