Notas a “Verdad y vida” de Miguel de Unamuno



(1) Quizá un ejemplo a la vez ilustre y muy adecuado lo constituya el teólogo alemán Adolf von Harnack. Sobre la persistencia de los problemas para los teólogos “demasiado racionalistas”, quizá valga la pena revisar “Los teólogos herejes de Roma”, de Rubén Aguilar, en la revista 
Nexos.

(2) Argentinismo accesible para cualquier lector de Cortázar, Quino, etc. En elcastellano.org se halla esta definición: macana. Lástima. Equivocación. Desatino. Mentira. Muchos otros significados. Ej.: “La macana es que no vino”; “Hice una macana y ahora la estoy pagando”; “No me vengas con macanas”.

(3) Karl Georg Christian von Staudt (24 de enero, 1798 – 1o de junio, 1867) . Matemático alemán. Por lo que pude hallar en la Wikipedia en inglés, uno de quienes más contribuyeron a la formalización de la geometría: “Karl von Staudt showed that algebraic axioms, such as commutativity and associativity of addition and multiplication, were in fact consequences of incidence of lines in geometric configurations. David Hilbert showed that the Desargues configuration played a special role. Further work was done by Ruth Moufang and her students. The concepts have been one of the motivators of incidence geometry“. V. Synthetic geometry.

4) Unamuno se refiere aquí al dogma cristiano de la Trinidad, ocasión de grandes disputas y separaciones desde los orígenes de la Iglesia. El concepto, si lo es, resulta en última instancia incomprensible, por el hecho de referirse al Dios cristiano. Para aclarar el tema, un primer acercamiento nos lo da la injustamente calumniada Wikipedia en el artículo Santísima Trinidad: “La Trinidad es el dogma central sobre la naturaleza de Dios de la mayoría de las iglesias cristianas. Esta creencia afirma que Dios es un ser único que existe simultáneamente como tres personas distintas o hipóstasis: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo“. Este dogma fue definitivamente establecido, en el seno del cristianismo, en el concilio de Nicea, de 325, y  precisada en el de Constantinopla, de 381.

Con él se respondía a los problemas planteados por las diversas afirmaciones contenidas en el Nuevo Testamento acerca del Padre, acerca del Hijo de Dios, y acerca del Espíritu Santo (del cual, por ejemplo, Jesús dice que luego de su partida será enviado a los apóstoles para guiarlos en el gobierno de la Iglesia). Ésta no era la única respuesta posible a dichos problemas. Una de las otras posibilidades era la del arrianismo: “Arrio sostenía que el Hijo fue la primera criatura creada por Dios antes del principio de los tiempos. Según el arrianismo, este Hijo, que luego se encarnó en Jesús, fue un ser creado con atributos divinos, pero no era Dios en y por Sí mismo. Argüían como prueba de ello, que Jesús no pudo salvarse en la cruz“. A partir de Nicea y de Constantinopla, ésta es una de las creencias comunes tanto al catolicismo como al protestantismo y a los ortodoxos.

Una vez aceptada la respuesta “un Dios – tres Personas”, quedaba el problema de precisar las relaciones entre estas últimas en el seno de la propia divinidad. En el Símbolo de Nicea -es decir, el Credo tal como fue establecido por dicho concilio-, se dice que el Espíritu Santo “procede” del Padre: “Y en el Espíritu Santo, Señor Vivificador, que procede del Padre, que con el Padre y el Hijo es juntamente adorado y glorificado, y que habló por los profetas“.

La cita anterior viene del artículo Credo Niceno-Constantinopolitano, perteneciente a OrthodoxWiki.

Y allí es donde entran las diferencias con el catolicismo, tal como lo ilustra el Catecismo de la Iglesia Católica: “La tradición latina del Credo confiesa que el Espíritu ‘procede del Padre y del Hijo (filioque). […] La afirmación del filioque no figuraba en el símbolo confesado el año 381 en Constatinopla. Pero sobre la base de una antigua tradición latina y alejandrina, el Papa S. León la había ya confesado dogmáticamente el años 447“, lo cual fue reafirmado en ocasiones posteriores, como el Concilio de Florencia, en 1438. “Esto constituye, todavía hoy, un motivo de no convergencia con las Iglesias ortodoxas” (Catecismo de la Iglesia Católica, obra de una comisión presidida por el cardenal J.Ratzinger. Tomo la cita de la ed. de 1992, Bilbao: Asociación de Editores del Catecismo, 1992, p.62-63).

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