Juan Ramón Jiménez: tres épocas, tres poemas


Luna Sola (de Poemas májicos y dolientes, 1911)

Cesó el clarín agudo, y la luna está triste.
Grandes nubes arrastran la nueva madrugada.
Ladra un perro alejándose, y todo lo que existe
se hunde en el abismo sin nombre de la nada.

La luna dorará un viejo camposanto…
Habrá un verdín con luna sobre una antigua almena…
En una fuente sola, será una luna en llanto…
Habrá una mar sin nadie, bajo una luna llena…

XIV (de Eternidades, 1918)

¡Oh tiempo, dame tu secreto,
que te hace más nuevo
cuanto más envejeces!

Día tras día, tu pasado
es menor, y tu porvenir más grande,
y tu presente
¡lo mismo siempre que el instante
de la flor del almendro!

¡Tiempo sin huellas:
dame el secreto con que invade,
cada día, tu espíritu a tu cuerpo!

Lo que sigue (de La estación total, 1923-1936)

Cuando en la noche, el aire ve su fuente
oculta. Está la tarde limpia como
la eternidad.
La eternidad es solo
lo que sigue, lo igual; y comunica
por armonía y luz con lo terreno.

Entramos y salimos sonriendo,
llenos los ojos de totalidad,
de la tarde a la eternidad, alegres
de lo uno y lo otro. Y de seguir,
de entrar y de seguir.
Y de salir…

(Y en la frontera de las dos verdades
exaltando su última verdad,
el chopo de oro contra el pino verde,
síntesis del destino fiel, nos dice
qué bello al ir a ser es haber sido.)

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