La crítica tradicionalista a la Modernidad. 2: Racionalismo y soberbia


Fuente: Vázquez-Romero, José Manuel: Tradicionales y moderados ante la difusión de la filosofía krausista en España, Universidad Pontificia de Comillas, 1998.

“Sí, señores, moderno se llama al espíritu que seis mil años atrás tentó de rebelión a nuestros primeros padres y se enseñoreó del mundo casi en el punto de haber salido de las manos de Dios: moderno es el espíritu que cubrió la faz de la tierra de las tinieblas y sombras de la muerte donde estaban sentadas las gentes a la venida del Salvador de los hombres: moderno el espíritu de cismas ya afortunadamente decrépitos, el espíritu de los errores y heregías (sic) antiguas, el espíritu, en suma, que ha inspirado las abominaciones y delirios históricos que hoy pululan entre nosotros, abrazados estrechamente en la unidad del espíritu mismo que supo inspirarlos en tiempos pasados, y que ahora en los presentes los restaura y vivifica. Todos, señores, venimos al nacer poseídos y corrompidos por él; así que si bien no hemos saludado la luz por vez primera, cuando la Iglesia nuestra madre conjura al espíritu que se dice moderno, aunque existe y viene dando la muerte al hombre desde el principio del mundo, a salir fuera de nuestra débil humanidad, para que venga sobre ella y la alumbre y vivifique el espíritu de verdad y de vida que procede de Dios, y que es Dios mismo”. Juan Manuel Ortí y Lara, “Discurso sobre el espíritu moderno”, 1865, en Vázquez-Romero, p. 1998, 62-63.

La imputación de orgullo desaforado a los nuevos filósofo es casi una constante de la argumentación crítico apologética enemiga del racionalismo (…). Refleja la tendencia a resolver el error doctrinal en el vicio resultante del trastorno de las pasiones. (…) La verdad del catolicismo estaría asaz probada por los testimonios históricos y por los maestros de la doctrina sagrada. Quienes presuntamente contraponen fe y razón, contrariando a lo más granado de la tradicional doctrina católica, ignorarían que si bien la fe no es descifrable por la razón, su admisión sí es razonable. Distinto es que la voluntad humana reverencie o no ese obsequio. El corazón hermético por la perversión de sus pasiones y su orgullo desacatará al catolicismo y adornará su apostasía de alegaciones ideológicas ficticias (p.91).

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