Vuelve la Trece -Gérard de Nerval


Dame de comer ceniza

Dibuja tu signo sobre mi frente lápida: regálame un epitafio de tu boca.

Mi nombre es lémur. A partir de ahora evita los pozos o búscame en ellos.

Dime que la noche la hace tu palma sobre mis ojos.

Te lo ruego: pide al viento que me disperse.

El que yo era son sílabas como pedruscos donde había una ciudad.

Donde el viento sopla y no se lleva
las cosas color de hueso
bajo el horizonte de hueso
en la llanura hueso

Mi cara —cerrados los ojos— sobresale de la enredadera. Un pájaro trae una piedra en el pico. Se para sobre mi barbilla; abro ligeramente la boca; el pájaro suelta la piedra entre mis labios. La hiedra comienza a invadir mis ojos.

Soy el terco humo que persiste después de que apagaste la vela. Soy el veneno en las semillas que nadie come, y allí permanecen olvidadas tras la muerte del envenenador.

El signo oscuro que trazan momentáneamente las parvadas sobre el horizonte: aquél soy.

Venas sin sangre, recorridas por ecos.

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