Positivismo lógico


Un día decido atenerme a los hechos: las razones caen por su propio peso y estrellan los cráneos de quienes pasan por ahí. Podrás vencer, pero no convencer, dice un hombre de cráneo hueco; los hechos testarudos se le atraviesan y lo derriban, lo muerden, cada uno se va con un trozo de carne entre los dientes.

Como en Lowry o en Castaneda, un tipo sentado en el suelo me ofrece la botella de la que está bebiendo. El sueño se yergue ante mí, de súbito, pero los párpados me pesan de vigilia. Sígueme, dice. Recorrer lugares en los que no estamos, mirar gente a la que no vemos, oír silencios que se ocultan entre las grietas. Ya estuve aquí antes, me dije, y entonces me di cuenta de que no estaba soñando. Todo era bien real, como en la literatura mexicana. Mis amigos me dijeron que así es la vida, que esa flor ya no retoña y hay que madurar (cuando comprendas crecerás). Entonces decidí atenerme a los hechos, pero los hechos no cantaron para mí.

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