Naturaleza, cultura y “progreso”


El avance tecnológico no puede sobrepasar la disponibilidad de recursos naturales -la posibilidad de emplear a la Naturaleza como un recurso. Cfr. “capital natural” en Marte verde, novela de Kim Stanley Robinson, p.89 y ss. Estas ideas deben de estarse manejando “en serio” en la comunidad científica.
El avance del creacionismo, y de los argumentos religiosos contra el aborto, me hace ver otra condición para el surgimiento y la continuidad del progreso, esta vez cultural. ¿Qué pasa si continúa aumentando la porción de la sociedad que rechaza la perspectiva científica en temas fundamentales? Pensemos en el obispo italiano que dijo hace poco, sobre el aborto, que ciertas preguntas ni siquiera deberían formularse. Si esto se volviera dominante, ya habría una vía cerrada para el avance científico.
Pero más importante que eso es cómo se llega a esta actitud. El irracionalismo de fondo (¿es más de lo que un Lukacs hubiese esperado?). Los procesos de, digamos, auto-argumentación (el diálogo interno por el que uno llega a aceptar en el fuero interno esas ideas). Quizá la palabra más adecuada para describirlos es piedad, en el sentido religioso: hechos, objetos, creencias, autoridades tan venerados que resulta inaceptable tocarlos ni con el pétalo de una pregunta.
Después debemos considerar los efectos multiplicadores de todo esto. Creo haber leído, por ejemplo, que han disminuido las vocaciones científicas en Estados Unidos, el país que se ha hecho famoso por el porcentaje de población que cree en la verdad literal del relato de la Creación. ¿Qué tal si esto fuera acompañado por un aumento en el atractivo de las profesiones religiosas? Estados Unidos acabaría pareciéndose a la España del XVII.
Otro ejemplo hipotético, por el lado de la Naturaleza: si disminuye la disponibilidad de alimentos, aumenta la violencia e inestabilidad social. Se dedican cada vez más recursos a la “seguridad”: disminuyen los de la investigación. Se vuelve cada vez más arriesgado trasladarse de una residencia a una universidad, o de la universidad a donde se haga trabajo campo. Esto de hecho ya ocurre en México.
Imaginemos a Nueva York sumergida porque emerge un volcán en la Antártida (como en Marte verde), o a México sepultada por el Popocatépetl.
Pruebas de la no inevitabilidad del progreso científico y tecnológico. Y eso, mucho después de ver que el progreso científico no conlleva, de por sí, “progreso” moral.

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