C. Guillén: Quevedo, antiaristotélico


Cruzada ya la frontera que separa una concepción de la otra [poesía en sentido aristotélico / concepción retórica de la literatura analizada por Guillén], se ofrece un vastísimo círculo a cuantos cauces de comunicación se abrían camino en la sociedad de la época, susceptibles todos ellos de transmutación en escritura individual. Leyes, cédulas, decretos, pragmáticas, memoriales, aranceles, capitulaciones, que remedan el lenguaje del poder estatal y de sus principales instituciones. Caricaturas del saber o de la erudición, como Gracias y desgracias del ojo del culo, burla de la disertación pedante. Jácaras, bailes, romances de germanía, con su aprovechamiento del argot de los delincuentes. “Valentón de las letras” -así le llama Raimundo Lida [en la recopilación de estudios Letras hispánicas, FCE], Quevedo sabe que escribiendo son lícitas muchas audacias. Puede convertirse la escritura en el terreno privilegiado del desahogo, la venganza, la euforia, la amargura, la acusación. No se trata de reflejar verbalmente las diferentes clases sociales -al recorrer todos los niveles del idioma escrito y hablado- como de deshacerse de las trabas institucionales del habla.

Claudio Guillén, en García de la Concha (ed.), Homenaje a Quevedo, 487.

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