Nobleza, honra y opinión social


Pese a su título nobiliario, [un aristócrata] sólo pertenece de facto a la respectiva “buena sociedad” en tanto los otros […] lo consideran miembro. […] Una expresión significativa de esta importancia y de esta función de la opinión social en toda “buena sociedad”  es el concepto del “honor” y sus derivados […]. Originariamente el honor constituía la expresión de la pertenencia a la sociedad aristocrática. Uno conservaba su honor mientras continuaba siendo miembro, tanto según la “opinión” de la respectiva sociedad, como, en consecuencia, ante su propia consciencia. Perder el honor significaba perder la pertenencia a esa “buena sociedad”. Y uno la perdía mediante la sentencia de la opinión social de estos círculos […]. Éstos juzgaban en el sentido de un específico ethos aristocrático en cuyo centro estaba la conservación de todo aquello que, según la tradición, servía al distanciamiento de las capas de inferior rango y, por consiguiente, de la existencia aristocrática como un valor propio.
Si tal “buena sociedad” denegaba a un miembro el reconocimiento de su pertenencia, éste perdía, entonces, su “honor” y, por tanto, una parte constituyente de su propia identidad personal. De hecho, con bastante frecuencia, un noble empeñaba su vida por su “honor”; prefería perder su vida que la pertenencia a su sociedad.

Norbert Elias, La sociedad cortesana. T. Guillermo Hirata. México: FCE, 1982, p.129-130.

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