Archive for diciembre 1st, 2013

1 diciembre, 2013

Voces acuáticas: agua intemporal (Valle-Inclán, Sonata de otoño)


Aquella fuente, que en el fondo del laberinto aún ríe con su risa de cristal, sin alma y sin edad.

Anuncios
1 diciembre, 2013

Necrofilia, vampirismo y blasfemia en Valle-Inclán, Sonata de otoño


Rodeó mi cuello, y con una mano levantó los senos, rosas de nieve que consumía la fiebre. Yo entonces la enlacé con fuerza, y en medio del deseo, sentí como una mordedura el terror de verla morir. Al oírla suspirar, creí que agonizaba. La besé temblando como si fuese a comulgar su vida. Con voluptuosidad dolorosa y no gustada hasta entonces, mi alma se embriagó en aquel perfume de flor enferma que mis dedos deshojaban consagrados e impíos. Sus ojos se abrieron amorosos bajo mis ojos. ¡Ay! Sin embargo, yo adiviné bajo ellos un gran sufrimiento. Al día siguiente Concha no pudo levantarse.

1 diciembre, 2013

Voces acuáticas (fuente, luna y jardín en Valle-Inclán, Sonata de otoño)


Volvimos a escuchar el canto de la fuente que le contaba a la noche su prisión en el laberinto.

1 diciembre, 2013

Fetichismo y profanación (Sonata de otoño, de Valle-Inclán)


Pintura de Giovanni Boldini (Ferrara, 1842 - París, 1931), pintor italiano.

Concha se incorporó para alcanzar el cordón de la campanilla. Yo le cogí la mano:

—¿Qué quieres?

—Quería llamar a mi doncella para que viniera a vestirme.

[…]

—¡Déjame ser tu azafata!

Concha soltó su mano de entre las mías:

—¡Qué locuras se te ocurren!

—No tal. ¿Dónde están tus vestidos?

Concha se sonrió como hacen las madres con los caprichos de sus hijos pequeños:

—No sé dónde están.

—Vamos, dímelo…

—¡Si no sé!

Y al mismo tiempo, con un movimiento gracioso de los ojos y de los labios me indicó un gran armario de roble que había a los pies de su cama. Tenía la llave puesta, y lo abrí. Se exhalaba del armario una fragancia delicada y antigua. En el fondo estaban los vestidos que Concha llevara puestos aquel día:

—¿Son éstos?

—Sí… Ese ropón blanco nada más.

—¿No tendrás frío?

—No.

Descolgué aquella túnica, que aún parecía conservar cierta tibia fragancia, y Concha murmuró ruborosa:

—¡Qué caprichos tienes!

Sacó los pies fuera de la cama, los pies blancos, infantiles, casi frágiles, donde las venas azules trazaban ideales caminos a los besos. Tuvo un ligero estremecimiento al hundirlos en las babuchas de piel de Rusia, y dijo con extraña dulzura:

—Abre ahora esa caja larga. Escógeme unas medias de seda.

Escogí unas medias de seda negra, que tenían bordadas ligeras flechas color malva:

—¿Éstas?

—Sí, las que tú quieras.

Para ponérselas me arrodillé sobre la piel de tigre que había delante de su cama. Concha protestó:

—¡Levántate! No quiero verte así.

Yo sonreía sin hacerle caso. Sus pies quisieron huir de entre mis manos. ¡Pobres pies, que no pude menos que besar! Concha se estremecía y exclamaba como encantada:

—¡Eres siempre el mismo! ¡Siempre!

Después de las medias de seda negra, le puse las ligas, también de seda, dos lazos blancos con broches de oro. Yo la vestía con el cuidado religioso y amante con que visten las señoras devotas a las imágenes de que son camaristas. Cuando mis manos trémulas anudaron bajo su barbeta delicada, redonda y pálida, los cordones de aquella túnica blanca que parecía un hábito monacal, Concha se puso en pie, apoyándose en mis hombros.

1 diciembre, 2013

Idealización nostálgica de las relaciones señoriales (Sonata de otoño, Valle-Inclán)


Preguntaba el molinero adónde nos encaminábamos, y el mayordomo respondía que al Palacio de Brandeso. El molinero conocía aquel camino: pagaba un foro antiguo a la señora del Palacio, un foro de dos ovejas, siete ferrados de trigo y siete de centeno. El año anterior, como la sequía fuera tan grande, perdonárale todo el fruto: era una señora que se compadecía del pobre aldeano.

1 diciembre, 2013

Un camino en la niebla (Sonata de otoño, de Valle-Inclán)


Fog

Fog (Photo credit: Rickydavid)

Vi en lontananza unas lomas yermas y tristes, veladas por la niebla. Traspuestas aquéllas, vi otras, y después otras. El sudario ceniciento de la llovizna las envolvía: no acababan nunca. Todo el camino era así.

1 diciembre, 2013

Una aparición (Sonata de otoño, de Valle-Inclán)


Castaños en otoño

Castaños en otoño (Photo credit: Wikipedia)

Penetré bajo la oscura avenida de castaños cubierta de hojas secas. En el fondo distinguí el Palacio con todas las ventanas cerradas y los cristales iluminados por el sol. De pronto vi una sombra blanca pasar por detrás de las vidrieras, la vi detenerse y llevarse las dos manos a la frente. Después la ventana del centro se abría con lentitud y la sombra blanca me saludaba agitando sus brazos de fantasma. Fue un momento no más. Las ramas de los castaños se cruzaban y dejé de verla. Cuando salí de la avenida alcé los ojos nuevamente hacia el Palacio. Estaban cerradas todas las ventanas: ¡aquélla del centro también! Con el corazón palpitante penetré en el gran zaguán oscuro y silencioso.