E. Renan: una defensa del laicismo por un progresista del s. XIX


La meta del mundo es el desenvolvimiento del espíritu, y la primera condición para el desenvolvimiento del espíritu es su libertad. El peor estado de la sociedad, desde este punto de vista, es el estado teocrático, como el islamismo o los antiguos Estados Pontificios, donde el dogma reina directamente de una manera absoluta. Los países con una religión de Estado excluyente como España no valen mucho más. Los países que reconocen una religión de la mayoría tienen inconvenientes igualmente graves. En nombre de las creencias reales o supuestas del mayor número, el Estado se cree obligado a imponer al pensamiento exigencias que éste no puede aceptar. La creencia o la opinión de los unos no puede ser una cadena para los otros. Mientras han existido masas de creyentes ―es decir, opiniones aceptadas casi universalmente en una nación― la libertad para investigar y discutir no ha sido posible. Un colosal pie de estupidez ha oprimido al espíritu  humano. La espantosa aventura de la Edad Media, esa interrupción de mil años en la historia de la civilización, se debe menos a los bárbaros que al triunfo del espíritu dogmático sobre las masas.

Ernest Renan, prefacio a los Souvenirs d’enfance et de jeunesse. El original se puede consultar en Gallica, sitio web de la Biblioteca Nacional francesa.

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