Nietzsche dice “moral”: digamos nosotros “arte”, “cultura”, “sociedad”…


¿Pueden los pájaros ser ornitólogos? ¿Puede realmente el hombre estudiar lo humano? Seríamos ingenuos si creyésemos que la cita siguiente de Nietzsche se aplica sólo a una era metafísica bien enterrada en el pasado. Los practicantes de las ciencias sociales y las “humanidades” (creo que sólo son humanistas en sentido propio los helenistas y latinistas) nos hallamos bajo el constante peligro de caer en lo mismo. El estructuralismo de los 60 ¿no parece un mero acompañamiento especulativo para el nouveau roman y la poesía concreta? El posmodernismo de Lyotard, el cioranismo de Savater ¿no huelen o apestan a mera propaganda intelectual en favor de las duras realidades sociales de los años 80, de los últimos 30 años? Leamos un resumen de alguna de la teorías sociales derivadas de las doctrinas económicas vigentes: veremos cómo, por ejemplo, la “teoría de la elección pública” eleva las actitudes y valoraciones del hombre común del capitalismo contemporáneo a paradigma universal de lo humano. Una breve lectura sobre el potlatch o sobre la honra en la España del Siglo de Oro le habría bastado a su autor para ver más allá de los límites del supermercado y el mall; pero no, era un tecnócrata, no un hombre culto.

Justo porque los filósofos no conocían los facta morales más que de un modo grosero, en forma de un extracto arbitrario o de un compendio fortuito, por ejemplo como moralidad de su ambiente, de su estamento, de su iglesia, de su espíritu de época, de su clima y de su región, —justo porque estaban mal informados e incluso sentían poca curiosidad por conocer pueblos, épocas, tiempos pretéritos, no llegaron a ver en absoluto los auténticos problemas de la moral: —los cuales no emergen más que cuando se realiza una comparación de muchas morales. […] Lo que los filósofos llamaban “fundamentación de la moral”, exigiéndose a sí mismos realizarla, era tan sólo, si se lo mira a su verdadera luz, una forma docta de la candorosa creencia en la moral dominante, un nuevo medio de expresión de ésta, y, por lo tanto, una realidad de hecho dentro de una moralidad determinada, incluso, en última instancia, una especie de negación de que fuera lícito concebir esa moral como problema.

Friedrich Nietzsche: Más allá del bien y del mal, V,186. T. A. Sánchez Pascual.

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