Archive for enero, 2014

27 enero, 2014

“El mar, el mar. Dentro de mí lo siento”


Minotauro, hijo del Mar. En la oscuridad laberíntica, extraña la luz, la espuma, la sal. Bebe algo que le sirve para borrar (en su mente) los muros del laberinto; se abre paso hasta la playa; se hunde en las aguas.

Minotauro llama a su bebida agua de mar. Otros la llaman vino. Otros, Leteo. ¿Cómo se llama en verdad? No lo recuerdo.

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23 enero, 2014

Dedicado a Gaston Bachelard


En el sueño más profundo, el Minotauro se exalta: es un arquitecto omnipotente; sabrá escapar; lo hará volando.

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23 enero, 2014


Para vencer la tentación de volar, Dédalo construye un laberinto; se encarcela en él; se convierte en Minotauro.

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21 enero, 2014

Juan Ramón Jiménez: El regante granadino


Granada Generalife waterstairs 7698 7

Granada Generalife waterstairs 7698 7 (Photo credit: Wikipedia)

Se puede hallar en más de un blog; de todas maneras, siempre he querido incluir esta prosa de Juan Ramón. Cuando la lean, comprenderán por qué.

Al oscurecer estaba ya sentado en la escalerílla del agua, Generalife, Granada sola, cansado con la delicia de una tarde de sucesivo goce paradisíaco, sumido sombra sin peso ni volumen, en la sombra grande que crecía, tintando moradamente, nutriéndolo todo de celeste transparencia, hasta dejar desnudas y en su punto las estrellas.

El agua me envolvía con rumores de color y frescor sumos, cerca y lejos, desde todos los cauces, todos los chorros y todos los manantiales. Bajaba sin fin el agua junto a mi oído, que recojía, puesto a ella, hasta el más fino susurro, con una calidad contajiada, de esquisito instrumento maravilloso de armonía; mejor era, perdido en sí, no ya instrumento, música de agua, música hecha agua sucesiva, interminable. Y aquella música del agua la oía yo más cada vez y menos al mismo tiempo; menos, porque ya no era esterna, sino íntima, mía; el agua era mi sangre, mi vida, y yo oía la música de mi vida y mi sangre en el agua que corría. Por el agua yo me comunicaba con el interior del mundo. Se oía más finamente cada vez el agua granadí, a medida que el aire oscurecía y a medida que el agua sonaba; y me afinaba más, más sonando y resonando el alma, hasta hacerme no oír, decir siendo lo que ella sin duda era o decía.

…Me di cuenta, de reojo, que una sombra estrecha de hombre estaba de pie apoyada en lo blanco mate, todo solo y silencio, oído total absorto, hecho sombra aguda de hombre; otra sombra como yo, en la baranda dela escalera. Me pareció que se acercaba con esmero y vaguedad. En fin, habló en un tono que no impedía nada mi oir el agua. Y:

“Oyendo el agua, ¿eh?”

“Si, señor, le contesté poniéndome de pie en mi sueño. Y a usted también parece que le gusta oírla.”

Entre los dos, yo en un descanso empedradillo de la escalera, él del otro lado del pretil, el agua seguía viniendo, mirándonos cada segundo un instante, huyendo luego, deteniéndose quizá un punto para mirar arriba, hablando para abajo, cantando, sonriendo, sonllorando, perdiéndose, saliendo otra vez, con hipnotizante presencia y ausencia, con no sé que verdad y no sé qué mentira.

“No me ha de gustar, señor. me dijo, si hace ya treinta años que la estoy oyendo.”

“Treinta años”, le dije desde no sé qué fecha y sin saber bien los años que le decía mi boca.

“Figúrese usted las cosas que ella me habrá dicho.” Y luego: “Lo que he oído.”

Y se deslizó noche abajo, y se perdió en lo oscuro y en el agua.

Juan Ramón Jiménez, El trabajo gustoso (conferencias). México: Aguilar, 1961. Sel.y pról. Francisco Garfias, p.25-26.

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20 enero, 2014

Nietzsche: crueldad y pensamiento crítico


El hombre de conocimiento, al coaccionar su espíritu a conocer, en contra de la inclinación del espíritu y también, con bastante frecuencia, en contra de los deseos del corazón. —es decir, al coaccionarle a decir no allí donde él querría decir sí, amar, adorar—, actúa como artista y glorificador de la crueldad; el tomar las cosas de un modo profundo y radical constituye ya una violación, un querer-hacer-daño a la voluntad fundamental del espíritu, la cual quiere ir incesantemente hacia la apariencia y hacia las superficies, —en todo querer-conocer hay ya una gota de crueldad.

Más allá del bien y del mal, VII, 229. T. A. Sánchez Pascual.

20 enero, 2014

El otro laberinto


Al mirarse en el espejo, el Minotauro ve un laberinto en su interior, y otro Minotauro al que debe liberar.

(Es un espejo délfico).

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20 enero, 2014


El Minotauro querría escapar, debería escapar; mas no lo desea. —¿Qué lo retiene? Ese tributo anual de jóvenes y doncellas.

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20 enero, 2014

Ariadna y los monstruos


Abandonada en Naxos, Ariadna sabe (tarde) que Teseo es un monstruo más, sólo que bien parecido.

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20 enero, 2014

Sublimación


Ícaro no cayó al mar —se perdió en un laberinto de nubes.

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18 enero, 2014

Nietzsche: autoengaño y creación de un mundo propio


Supongo que todos los lectores de Nietzsche, desde el experto hasta el mero lector como yo, están familiarizados con las siguientes ideas. Pero la lectura de las interpretaciones y comentarios sobre ellas me da la impresión de que suelen ser empleadas para entender solamente los problemas de la mayor escala posible (como las críticas de la metafísica occidental) y los de la más pequeña, la psicológica (la bien conocida capacidad de nosotros, los individuos, para no ver lo que nos produce angustia).

Sin embargo, yo creo que también son útiles para entender realidades de escala media, la de lo social y lo cultural, el engarce entre la ideología y la convicción personal. Por ejemplo, los clasemedieros mexicanos convencidos de que los-pobres-son-pobres-porque-no-quieren-trabajar (y de ahí pasan al lugar común de tenemos-que-dejar-nuestra-actitud-tercermundista): como si no llegaran todos los días a oficinas que han sido bien limpiadas por el intenso trabajo de las otras víctimas de la desregularización laboral; y como si los capitalistas del “Primer Mundo”, para ser lo que son, no requiriesen un Tercer Mundo en el cual puedan eludir los límites que (más o menos) deben respetar en sus propios países.

La fuerza del espíritu para apropiarse de cosas ajenas se revela en una tendencia enérgica a asemejar lo nuevo a lo antiguo, a simplificar lo complejo, a pasar por alto o eliminar lo totalmente contradictorio; de igual manera, el espíritu subraya, destaca de modo arbitrario y más fuerte, rectifica, falseándolos, determinados rasgos y líneas de lo extraño, de todo fragmento del mundo “externo”. Su propósito se orienta a incorporar a sí nuevas “experiencias”, a ordenar cosas nuevas bajo órdenes antiguos. […] Al servicio de esta misma voluntad hállase también un instinto aparentemente contrario del espíritu, una súbita resolución de ignorar, […] un decir interiormente no a esta o aquella cosa, […] una especie de estado de defensa contra muchas de las cosas de las que cabe tener un saber, un contentarse con la oscuridad […]: todo lo cual es necesario, de acuerdo con el grado de nuestra fuerza de asimilación.

Más allá del bien y del mal, VII,230. T. A. Sánchez Pascual.

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