Obedecer hasta el final, mata al que obedece


¿Por qué obedecer al Estado?
Excluyamos los porqués de los liberales, los socialcristianos, etc. No se basan en lo que es, sino en lo que debe ser; y su discurso sobre el deber ser es interesado, es decir, ideológico.
Una buena respuesta, no sé si la mejor, es (si no recuerdo mal) la que Rousseau propone en el Contrato social: obedecer al Estado porque, o cuando, el individuo, al ceder su libertad ante las leyes, gana más de lo que pierde. Pero esto sigue siendo un deber ser, la imagen de lo que ocurriría en una democracia perfecta. O sea, una utopía. (Releer a Ricoeur sobre la oposición utopía/ ideología).
Sobre la real función del Estado, mi perspectiva es más cercana a la del marxismo, creo: la función del Estado es preservar y desarrollar un sistema social donde una clase social domine las demás.
Preservar y desarrollar: los individuos de la clase dominante no pueden explotar a sus dominados hasta destruirlos, como una infección a su huésped, porque entonces su dominación acabaría. (Entonces, los dominados ¿somos como el ganado de la clase dominante?).
Por eso el Estado y los políticos a veces parecen alzarse sobre y hasta contra los intereses de la clase dominante: porque son responsables de ir más allá del interés inmediato, a fin de garantizar el futuro del sistema.
Entonces ¿por qué obedecer? ¿Por qué no la revolución o la rebelión (la jacquerie) o el suicidio? (O escapar: la otra opción disponible antes de que la Tierra fuera saturada por la humanidad; en la civilización occidental, la imagen arquetípica se halla, creo, en la salida de Egipto por los hebreos).
¿Por qué aceptamos la dominación en la vida cotidiana? ¿Por qué la vemos como algo aceptable, o mejor dicho, no la vemos?

Pongamos un poco entre paréntesis las nociones de ideología y legitimidad. Me parece claro que hay un límite orgánico para la obediencia. Obedecer hasta el final, mata al que obedece: los más infelices de entre los que andan por nuestras ciudades, aferrándose a la vida por medio del trabajo, el robo o la mendicidad ¿no son ya moribundos ambulantes? ¿no están siendo derribados poco a poco por las enfermedades, las adicciones, la creciente insuficiencia del ingreso, el continuo sobresalto frente a los peligros cotidianos (ser atropellado, perder el empleo, ser asaltado) o, simplemente, frente a una estrechez de espacio y de tiempo excesiva para nuestra salud (somos como un experimento de sobrepoblación con ratas)?

Un intento de respuesta, que deberé quizás afinar después.

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