Qué es el arte: seis respuestas típicas en la civilización occidental, según W. Tatarkiewicz


Portrait of Zofia Romer by Stanislaw Ignacy Wi...

Portrait of Zofia Romer by Stanislaw Ignacy Witkiewicz (Photo credit: Wikipedia)

Historia de seis ideas, de Wladislaw Tatarkiewicz, es un libro que todos deberíamos leer. Por lo que respecta a mi experiencia, es una de las mejores introducciones a la estética, aunque ésa no fuera su intención. Los conceptos cuya historia discute son: arte, belleza, forma, creatividad, mímesis y experiencia estética. En un conjunto de 11 capítulos (cuyo contenido se traslapa a veces por haber sido, originalmente, estudios publicados con independencia), trata en orden cronológico las principales definiciones que se ha dado a cada una de aquellas ideas. Expone y analiza con claridad y concisión cada una de esas definiciones, y sopesa las ventajas y limitaciones que han tenido. Se mantiene en un plan objetivo y da escasas respuestas propias, dado que su tarea es sobre todo clarificadora. Aunque no estudia la relación entre esos conceptos y las culturas y sociedades a los que pertenecen, el lector que tenga algunas nociones sobre éstas (quien conozca un poco la obra de por, ejemplo, Marcel Detienne, José Luis Romero, etc.) puede ir vislumbrando la manera en que la mentalidad y la estructura de cada sociedad se ha visto reflejada en los conceptos analizados. Insisto: es una obra que deberíamos leer de cabo a rabo (¿cómo es el rabo de un trabajo intelectual?).

En los pasajes de esta sección del primer capítulo, Tatarkiewicz revisa seis clases de respuestas que se ha dado, por lo menos desde Platón, a la pregunta por la naturaleza del arte. De acuerdo con cada una de tales respuestas, el rasgo distintivo del arte es:

  • Que produce belleza
  • Que representa o reproduce la realidad
  • La creación de formas
  • La expresión
  • Que produce la experiencia estética
  • Que produce un choque

Abandonemos por una lado la tonta idea (herencia del amor del s. XIX al exacto detalle documental, del idealismo de la estilística y de la inclinación tecnocrática del estructuralismo) de que la consideración de estas problemáticas no afecta a la práctica del comentario de textos, por ser demasiado especulativas, sin consecuencia práctica. Al leer los siguientes pasajes, consideremos que cada respuesta es mejor para distintos tipos de obra, literaria o no, y que cada una promueve la formulación de distintas preguntas por el texto. Si adoptamos la primera, nos podemos preguntar qué características de una obra hacen que la consideremos bella, o que así la valorara su época; si nos fijamos en obras que pretenden representar la realidad, podemos preguntarnos qué sectores de la realidad le interesan, cuál es la visión del mundo de la que parten y qué procedimientos artísticos emplean para representarla; etc.

Nuestra época ha heredado la definición que establece que el arte es la producción de belleza, y la suplementaria que afirma que el arte imita la naturaleza. Ninguna ha demostrado, sin embargo, ser realmente la adecuada, y esto ha impulsado la búsqueda de nuevas y mejores definiciones. Existe una gran cantidad de ellas. Algunas habían aparecido ya a principios del siglo. La categoría genérica a la que pertenece el arte no ha sido puesta nunca en duda: el arte es una actividad humana consciente. La cuestión central es averiguar qué es lo que distingue al arte de otros tipos de actividad humana consciente; dicho de otro modo, su diferencia específica. Algunas definiciones pretenden descubrir esta diferencia en ciertos rasgos de las obras de arte, otras en la intención del artista, otras a su vez en la reacción que las obras de arte producen en el receptor.

1) El rasgo distintivo del arte es que produce belleza. Por ejemplo, la definición clásica que heredamos del siglo XVIII. La definición completa, en su forma más resumida, sería así: El arte es aquella clase de actividad humana consciente que aspira, y logra, la belleza. La belleza es su propósito, su logro y su valor principal. La conexión que existe entre el arte y la belleza es una idea muy antigua. Platón dijo (República, 403 c): “El servicio a las Musas debe producir el amor a la belleza”. Dos mil años más tarde L. B. Alberti exigía que el pintor (De Pictura, II, p. 88) hiciera “converger” todas las partes de su obra “hacia una belleza única”. Esta es la tendencia que ocasionó la definición del arte establecida por Batteux y fue virtualmente el canon que se aceptó en el siglo XIX.

Pero la belleza es una noción ambigua. En su sentido más amplio, la palabra puede significar cualquier cosa que agrade; no es tanto un concepto, sino un cierto tipo de exclamación, un signo de aprobación. En un sentido más restringido, se entiende muy a menudo como el significado de un cierto tipo de equilibrio, claridad, armonía de formas. “Pulchrum est quid commensuratum est” (lo bello es armónico), escribía Cardano en el siglo XVI. Esto está muy bien siempre que nos refiramos al reino del arte clásico, pero se duda que un sentido tan restringido de la belleza tenga algún significado cuando se hace referencia al arte gótico, al barroco o a gran parte del arte del siglo XX. No tiene en cuenta la lucha gótica por lo sublime, o la riqueza del barroco, y se opone, verdaderamente, a ellos.

[…]

2) El rasgo distintivo del arte es que representa, o reproduce, la realidad. En el pasado, esta definición afirmaba generalmente que el arte imita la realidad. Sócrates: “¿No es el arte la producción de las cosas visibles?” Y Leonardo, dos mil años más tarde (Trattato, frg. 411): “La pintura más digna de alabanza es aquella que está lo más posible de acuerdo con lo que representa”. Evidentemente, la definición no era aplicable a todo tipo de arte, sino sólo al arte mimético, como por ejemplo la pintura, la escultura o la poesía.

[…]

Pero con la imitación sucedía lo mismo que con la belleza. La palabra, de nuevo, tiene muchos significados diferentes. Para Platón, la imitación sólo podía representar la apariencia de las cosas, mientras que para Demócrito reproducía las obras reales de la naturaleza; para Aristóteles tenía incluso un significado diferente.

[…]

3) El rasgo distintivo del arte es la creación de formas. El arte es la configuración de cosas o, dicho de otro modo, la construcción de cosas. Dota a la materia y al espíritu de forma. Esta idea se retrotrae a Aristóteles, quien decía (Ethica Nicomach. 1105 a 27) que “nada debe exigirse de las obras de arte excepto que tengan forma”. Sin embargo, hubo que esperar hasta el siglo XX para que esto se incorporara a la definición del arte. Los primeros en llevarlo a cabo, y de un modo muy radical, fueron los ingleses Clive Bell y Roger Fry, y el polaco Stanislaw Ignacy Witkiewicz (1885-1939). Según Witkiewicz [Nowe forme w malarstwie (Nuevas formas en pintura), 1919], la creación artística “quiere decir lo mismo que construir formas”.

[…]

De todas las definiciones del arte conocidas, ésta es la más moderna. Es la que más atrae al hombre moderno, posiblemente según la concisa fórmula de August Zamoyski, donde se afirma que “el arte es todo aquello que ha surgido a partir de una necesidad de dar forma a algo” (Zwrotnica, núm. 3, 1922). Sin embargo, incluso esta definición tiene sus dificultades.

[…]

La definición de los “formalistas” es demasiado restringida y no da cuenta de una gran cantidad de lo que generalmente se entiende por arte. Esto era algo intencional; los formalistas querían descartar mucho de lo que generalmente se entiende por arte. Lo que perseguían no era una definición funcional del arte existente, sino la creación de un concepto de arte que fuera lo bastante nuevo. Su definición no es descriptiva, sino normativa y, por lo tanto, arbitraria.

Pero el significado de “forma” que generalmente se utiliza resulta ser demasiado extenso para nuestro propósito. Pues no es sólo el artista quien dota a la materia de forma. Los diseñadores industriales, técnicos y trabajadores lo hacen también.

[…]

4) El rasgo distintivo del arte es la expresión. Esta definición distrae nuestra atención de la actividad del agente, y se concentra en la intención del artista. Es de origen relativamente reciente; existe poca evidencia de que existiera antes del siglo XIX. Casi todos los teóricos anteriores ni siquiera emplearon la palabra “expresión”: uno de ellos, Francesco Patrizi (Della poëtica, 1586, p. 91), sólo la empleó para negar que la expresión fuera el objetivo apropiado del poeta: “Espressione non è propria del poeta». El cambio tuvo lugar en el siglo XIX. Los protagonistas principales de esta definición fueron Benedetto Croce y sus seguidores, algunos filósofos partidarios de la psicología del arte, y también un número de artistas en activo como, por ejemplo, Kandinsky. Con la expresión nos enfrentamos al eterno problema de la ambigüedad que ha acosado otros intentos de definición, con la diferencia, esta vez de que incluso en su sentido más general, el término dejará la definición todavía demasiado restringida. Pues la expresión es sólo el objetivo de algunas escuelas artísticas y no puede, por tanto, ser el rasgo distintivo de todo el arte. Pues todo arte constructivista caería fuera del ámbito de la definición.

5) EI rasgo distintivo del arte es que éste produce la experiencia estética. Esta definición, a su vez, se concentra en el efecto que una obra de arte produce en el receptor. Este cambio de interés es típico de los estudios que sobre el tema se hicieron a principios de siglo. La definición es similar a la que considera que el rasgo distintivo del arte es la belleza. Según esta, el arte es capaz en efecto, de producir la experiencia de la belleza. Pero se siguen dando las mismas dificultades que antes. El término “experiencia estética” no es ni más claro ni menos ambiguo que el de belleza. […] Según otra opinión, parece que la definición es como demasiado restringida, y es esta la opinión que se ha utilizado para criticada en el siglo XX. Lo que se le objeta a la experiencia estética es que se piensa que la emoción a la que hace referencia es de una clase determinadamente positiva, como por ejemplo el éxtasis, mientras que el efecto que producen muchas obras de arte, especialmente en nuestro propio siglo, es de una naturaleza bastante diferente [..].

6) El rasgo distintivo del arte es que produce un choque. Como la anterior, esta definición trata el efecto que el arte produce en el receptor, pero difiere respecto al carácter de este efecto. Es la definición más reciente de todas, un producto característico de nuestra propia época. Muchos pintores modernos, escritores y músicos creen que su tarea es producir un tipo de experiencias que más que estéticas son abrumadoras, desconcertantes o completamente escandalosas, Se considera que una obra de arte tiene éxito siempre que haya producido este efecto. Dicho de otro modo, la función del arte no es expresar algo, sino impresionar —en un sentido bastante literal, como por ejemplo la impresión que un fuerte golpe deja en el cuerpo. […] Se trata de una definición de vanguardia. Pero es inaplicable a otros tipos de arte, y difiere bastante en particular de lo que generalmente se denomina arte clásico.

Wladislaw Tatarkiewicz, “Discusiones sobre el concepto de arte”, en Historia de seis ideas. Madrid: Tecnos-Alianza Editorial, 2002, 56-60. Prefacio Bohdan Dziemidok. T. Fco. Rodríguez Martín.

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5 comentarios to “Qué es el arte: seis respuestas típicas en la civilización occidental, según W. Tatarkiewicz”

  1. Maestro, ¿Sugerencias para abordar una obra poética (tesis)? Encuentro en el bagaje de teorías literarias, bastantes para narrativa, y no doy con una para poesía de verso libre o poesía en prosa. Gracias.

  2. Muy buena! y la clase también.

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