Los seres humanos queremos ver coherencia donde no la hay


  • Los seres humanos queremos ver coherencia, y hasta armonía, donde no las hay. No por amor al bien o a la belleza, sino porque eso favorece nuestra estabilidad mental y nuestra capacidad de actuar.
  • Pienso esto al releer, en La filosofía helenística de Alfonso Reyes, su resumen de la doctrina estoica, mientras oigo el zumbido, en el fondo de mi cabeza, de las burlonas críticas de Nietzsche al estocismo.
  • Un ejemplo de la vida cotidiana: Nietzsche subraya los autoengaños de los que llama “esclavos”, pero yo pienso en los autoengaños del patrón del capitalismo en el que crecí, bien sea el jefe de una empresa, bien el señor o la señora de la casa con respecto a criadas, empleados de mostrador, etc.
  • El primer mito, siempre, es que son perezosos. Lo necesitamos para exigir lo que les exigimos y sentirnos bien con lo que les pagamos.
  • Bajo este mito subyace otro: el sumo el valor de todo trabajo, y no tanto del trabajo creador o productor de algo bueno (en cualquier sentido de la palabra), sino del trabajo como esfuerzo (una idolatría del sudor, la prisa y el insomnio), primero, y del trabajo productor de valor económico (por eso el menosprecio del artista, por ejemplo, a menos que tenga “éxito”), en segundo lugar.
  • Y bajo este mito, uno más: el de que es humanamente posible amar cualquier trabajo. Pero lo contrario es verdad:
    • si hay civilización, es porque el hombre y la mujer sometidos se esfuerzan más allá de lo que sería sano para ellos (incluso lo hacen muchos de los hombres y mujeres “superiores”);
    • no podemos amar cualquier trabajo, sino solamente los trabajos a los que les encontramos sentido;
    • y, permitiéndome hacer una valoración, diré que el esfuerzo en sí mismo no es algo respetable.
  • Pero en el mundo real no hay coherencias a priori, sino sólo a posteriori, como la de la selección natural. Es decir, la realidad no consiste en el armonioso despliegue de un previo orden cósmico (logos presocrático y estoico, dao, Providencia judeo-cristiana-musulmana, etc.); sino en una proliferación de realidades con tendencias contradictorias, que entran en conflicto y poco a poco van hallando acomodos y estabilidades limitados en el tiempo (aunque sea un límite de siglos e incluso milenios).
  • Los seres humanos nacemos y crecemos en el seno de alguna de esas situaciones estables a largo plazo, y creemos (antes de ello, sentimos) que son el Orden Cósmico, y que todo lo que se le opone es pecado (en el sentido más fuerte del término); y cuando esa estabilidad provisional empieza a decaer, sentimos que se trastoca nuestro pobre cosmos, sentimos que “el mundo se nos viene encima”, que ya se va a acabar nuestro pobre mundo.
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