Encantado de conocerlos


Y les temió tanto a los vivos, que empezó a frecuentar la mansión de los espectros.
En la casa encantada, él era el aparecido, el espanto ―pero no eran los fantasmas quienes lo notaban: ellos iban, blancos y serenos, por su camino de almas supuestamente en pena. No: eran los vivos quienes notaban su creciente palidez cada vez que salía.
Pero él no podía permitirse que los otros vivos notaran lo que estaba pasando, porque serían capaces de salvarlo, de castigarlo, no sé; cualquier cosa, con tal de que se les pasara el susto.
En cuanto a los espectros, encantado de conocerlos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: