Los estoicos: algunas ideas esenciales


Dios, el cosmos y el destino del mundo

  • “La cosmología estoica es un monismo materialista y teológico” (107).
  • “Sólo existe Dios, que es el universo, lo eterno, lo uno y el bien. Opera como éter ígneo, en Logos espermático o semilla que germina diferenciándose en los entes de realidad. Todo es materia, incluso las virtudes y los conceptos, según Crisipo” (106).
  • “El éter ígneo es la zona más sutil del fuego creador, por el cual los demás elementos son creados” (107).
  • “A la evolución ascendente, sigue una evolución descendente, un desgaste. Al término del Grande Año, […] el universo se reabsorberá en el éter ígneo, por un incendio universal o ekpyrosis” (107).
  • “El principio eterno del mundo es el destino, cuya voz, como en Homero, “mandó de una sola vez para siempre” (107).
  • “Sólo hay un Dios. Los dioses son alegorías, comodidades de la mente, […] o bien son deificaciones legendarias para honrar a los bienhechores” (108).
  • “Dios, razón universal, es una providencia consciente de sus fines” (108).
  • “La finalidad [del universo] es la suma perfección. […] Zenón piensa que hasta la chinche tiene el encargo providencial de evitar el sueño excesivo” (108).
  • “Y como todos los extremos de la realidad son armónicos y conexos, pueden dar señales unos de otros. Se acepta, pues, la adivinación por los signos, la mántica popular, la creencia en los presagios” (108).
  • Al postular la existencia de un Dios providente, los estoicos se ven obligados a responder al problema de la existencia del mal. Sus respuestas anticipan las típicas del cristianismo. Las que me parecen más llamativas son las que insisten en la limitación de la perspectiva individual para comprender al cosmos en su conjunto, y las invitaciones a ser dóciles frente a la voluntad divina.

La religión natural y las “nociones comunes”

  • Los estoicos admiten la existencia de ciertas “nociones comunes”, las cuales son compartidas por todos los seres humanos y, asimismo, “naturales o no adquiridas por saber crítico o técnico (Crisipo, Posidonio). No son innatas en sí mismas —lo serán ya para Cicerón—, pues el alma nace como hoja en blanco: es innata sólo la facultad de adquirirlas” (118).
  • Estas “nociones comunes” se relacionan, sobre todo, con la moral y la religión. Cicerón las llama “gérmenes o centellas”. El consenso universal es el criterio para reconocer estas nociones comunes e inspira una “religión natural” (118).

Moral y sabiduría

  • Como los epicúreos y los cínicos, su objetivo principal es encontrar una forma de vida que asegure, a la vez, la virtud y la dicha. Tienen un concepto negativo de la dicha, como ausencia de sufrimiento, y consideran que el vicio no otorga una auténtica felicidad, que el vicioso en el fondo es infeliz por ser esclavo de sus hábitos e impulsos.
  • “El primer dogma de la conducta es la coherencia, […], ser y obrar de un solo modo, bajo la guarda de la conciencia moral, pues todo vicio de conducta entraña una incoherencia. […] Ser desigual a sí mismo es la peor vergüenza” (119).
  • “Se trata […] de acatar e imitar el orden universal, de cooperar voluntariamente con él. ‘Vivir conformes con la naturaleza’, dice Crisipo” (119).
  • “Esta línea recta de conducta es flecha orientada hacia un fin: […] la libertad. Las esclavitudes son los afectos y las cosas exteriores. Somos libres en nuestra vida interior y en las representaciones que imponemos a las cosas externas” (119).
    • “Las enfermedades del alma son alteraciones de la imagen del mundo que llevamos dentro. Guerra abierta contra las pasiones. Importa mucho clarificar la representación de las cosas desde el primer instante.” (119, cursivas mías).
    • En tanto que somos (potencialmente) dueños de lo que pasa en nuestra mente, no lo somos de la realidad exterior, incluido nuestro cuerpo. Así, nuestro cuerpo está sometido a la enfermedad y la muerte, por ejemplo, pero en cambio nuestro espíritu puede liberarse del miedo y la angustia frente a ellos, así como al dolor, la pobreza y todo mal originado fuera de nosotros mismos.
    • Entre estos males de origen externo se hallan la tiranía y la injusticia social: el estoico puede luchar a ellas por apego al deber, al “derecho natural” o a los “derechos humanos”, pero no por creer que pueda “cambiar al mundo”.
  • Así, pues, el estoico entrena su mente para desapegarse de las cosas y no sufrir por ellas; para alcanzar cierta apatía o ataraxia. Aunque las exposiciones de la doctrina estoica suelen hablar aquí de nuestras “ideas” u “opiniones” sobre las cosas, aquí lo esencial son las emociones: los estoicos, y todos los afines a ellos, o bien confunden opinión y sentimiento, o bien proponen llegar al control de las emociones por medio del control de las representaciones mentales.
  • Por ello, el estoico debe aprender a ser indiferente incluso a sus propios placeres y dolores. Si llega a sentir algún placer en el curso de su vida virtuosa, es aceptable que lo disfrute, siempre que no se apegue a él y no empiece a buscarlo en sí mismo.
  • “En general, se admite que para la virtud no basta la doctrina, sino que hay que añadirle el ejercicio, la voluntad. […] La voluntad, dice Cleantes, es al alma lo que al cuerpo la tensión muscular. Es la ‘buena tensión del alma’, dice Crisipo. En todo ello, como en muchas tesis estoicas, hay mixtura de intelectualismo en la base y volicionismo en el método” (121-122).
  • La virtud es el único bien o valor que se ha de buscar en la vida. En consecuencia, los demás bienes: riqueza, honor, poder, etc., son en el fondo indiferentes. Y el mal acarrea en sí mismo el castigo, por encadenarnos a las pasiones.
  • La muerte es un bien, por todos los males de los que nos libra. El suicidio es admisible cuando no se puede vivir con libertad o cuando la supervivencia propia se opone a la práctica del bien; no, cuando se busca por melancolía o desesperación.

Dignidad humana, ley natural y ciudadanía del mundo

  • Son los primeros teóricos del derecho natural
  • Todos los hombres son iguales en dignidad. Los estoicos tratan de limitar los alcances del sometimiento del esclavo, para ellos sólo un “jornalero vitalicio”. Séneca llega a decir que “nadie nace para el provecho ajeno” (133)
  • Las jerarquías sociales se justifican sólo por la diversidad de funciones requeridas para la obtención del bien común. Si se ajustaban a esa base, todos los sistemas políticos de la época eran aceptables.
  • Sin embargo, como lo señala Reyes, en la práctica los estoicos solían buscar y colaborar con monarcas de tendencias más o menos ilustradas y humanitarias, y oponerse a quienes percibían como tiranos que sólo buscaban su beneficio
  • El hombre de bien, sometido a la ley natural y divina, es ciudadano del mundo más que de una patria concreta.

Citas textuales y paráfrasis vienen de Alfonso Reyes, La filosofía helenística, Breviarios 147, FCE, 1959. Completado con ideas de procedencia varia que recordé en el proceso

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