Contra la gente normal y su sentido común


  • Para “entender” lo que pasa en la vida cotidiana (en última instancia, en los procesos históricos y sociales), la mayoría de las personas solemos rechazar las explicaciones verdaderamente racionales, y en cambio preferimos explicaciones simplistas y maniqueas.
    • maniqueas: o sea, explicaciones que nos permitan pasar rápidamente a formular juicios de valor tajantes; incluso llega a tratarse de seudoexplicaciones: juicios de valor disfrazados de explicaciones: “Fulano de Tal hace esas cosas porque es un corrupto”.
    • y simplistas, o sea: basadas en pocas categorías conceptuales; sin matices intermedios; referidas a esencias permanentes (la “naturaleza humana”, por ejemplo) que no estén sujetas a transformaciones, sobre todo basadas en contradicciones.
  • O sea, que para la mayoría de nosotros, cuando se habla de inflación, desempleo, violencia, cambio climático, etc., lo verosímil no sólo es distinto de lo verdadero, sino que incluso es absolutamente contradictorio.
  • ¿Por qué?
    • Por una parte, toda verdadera explicación se refiere a objetos y procesos que no vemos, no tocamos, etc., en síntesis, que no son accesibles a la experiencia directa. Se explica “lo que se ve” por “lo que no se ve”. Y para aceptar la explicación, o al menos para poder seguirla y después rechazarla con razones, hacen falta capacidades que no todo el mundo desarrolla (ni siquiera todos los cultos: los administradores, ingenieros, etc., por ser tan “prácticos”, y los humanistas por ser tan “espirituales”). La gente más “sencilla” (más inculta) incluso cree que se le exige un acto de fe, y siendo así, concluye: “Si de fe se trata, mejor se la concedo a la religión”. En lo que respecta a las ciencias duras, eso es lo que pasa en EU con quienes rechazan la teoría de la evolución.
    • Recordemos, además, los tres grados (procesos, tareas) de la persuasión que distinguía la antigua retórica: docere, movere, delectare: a) dar información y razonamientos, b) influir en el ánimo y c) resultar simpático. Pues bien, las explicaciones racionales siempre insisten lo menos posible en (b) y en (c). Por eso, la “gente normal” (incluso cuando se le proporciona la explicación en términos llanos y con muchos ejemplos) termina cansada, aburrida e incluso ofendida: siente que la persona que la da una explicación racional no es como ella, que se siente mejor que ella,  hasta cree que trata de “enredarla con tantas explicaciones”.
    • Además, a final de cuentas, toda explicación verdadera (más bien: racional, y tan provisional como lo es todo discurso racional desde la Revolución Científica) se propone que su destinatario reemplace la doxa por conocimiento. Los filósofos suelen traducir doxa como opinión, pero es mejor relacionarla con conceptos propios de las ciencias sociales, como ideología, mentalidad o illusio. La opinión-ideología
      • es lo que forma a la persona durante su crecimiento. Cuando llega a la edad madura, es convicción arraigada, profunda, íntima. El que la contradice, ofende y escandaliza al individuo “normal”. Cuando se contradice a la doxa, el individuo “normal” siente que se trata nada más de falacias al servicio del vedetismo de los intelectualoides, o de que alguien quiere “darle pretextos” a los flojos, los irresponsables, etc.
      • La opinión-ideología, además, le permite al individuo sobrevivir en su sociedad (y, si es posible, ascender dentro de ella). Hace que actúe “como es debido”, y es recompensado por ello (o al menos evita la sanción social). Eso en los buenos tiempos (buenos para él). En los malos tiempos (malos para él, no para sus amos) le da sentido a su sufrimiento, es decir, hace que piense “así son las cosas y así deben ser”, lo cual siempre es un alivio.
  • Últimas observaciones.
    • Creo que la izquierda (quizá sólo la tradicional) es igualitaria en lo social, pero elitista en lo cultural: para lograr la igualdad social, requiere criticar la ideología, y el pensamiento crítico sólo pueden ejercerlo las personas cultas. En cambio, la derecha es elitista en lo social, pero igualitaria en lo cultural: cree en la desigualdad social, mas para reforzarla necesita recurrir a la inercia y los prejuicios, es decir, a lo que le parece “natural”a la mayoría, incluso a las personas cultas cuando no están en guardia.
    • Las corrientes posmodernistas (quizá no todas pero sí varias de ellas) reforzaron a la derecha en el último tercio del siglo XX:
      • al denostar la oposición entre lo esencial y lo aparente;
      • por supuesto, al desprestigiar a la ciencia;
      • al burlarse e incluso juzgar condenatoriamente a las élites intelectuales modernistas (en el sentido anglosajón de la palabra).
    • Los beneficiarios de todo esto no fueron los típicos lectores de Foucault o los asistentes a los performances, sino:
      • los capitalistas de las comunicaciones y la informática (elogio de la apariencia: elogio de la pantalla y de la interfaz de usuario);
      • los pensadores neoconservadores y tradicionalistas (el desprestigio de la ciencia llevó al refuerzo de la tradición, la comunidad,  la fe, etc.);
      • los políticos de derecha (que apeló a la desconfianza de la “gente normal” hacia los discursos exigentes y a su necesidad de apoyarse en unas cuantas “verdades” simples que “apelen al corazón”).

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: