Un bebé mecánico de Alan Turing


02 Daniel Mroz, illus. for The Cyberiad by Lem

02 Daniel Mroz, illus. for The Cyberiad by Lem (Photo credit: 50 Watts)

Todos recordamos los “Dos animales metafísicos”, el de Condillac y el de Lotze, recordados (¿reblogueados?) por Borges en su Manual de zoología fantástica.
El de Condillac en realidad es una estatua de mármol, destinada a refutar las” ideas innatas” de Descartes.

Condillac empieza por conferir un solo sentido a la estatua: el olfativo, quizás el menos complejo de todos. Un olor a jazmín es el principio de la biografía de la estatua; por un instante, no habrá sino ese olor en el universo; mejor dicho, ese olor será el universo, que, un instante después, será olor a rosa, y después a clavel. Que en la conciencia de la estatua haya un olor único, y ya tendremos la atención; que perdure un olor cuando haya cesado el estimulo, y tendremos la memoria; que.. una impresión actual y una del pasado ocupen la atención de la estatua, y tendremos la comparación; que la estatua perciba analogías y diferencias, y tendremos el juicio; que la comparación y el juicio ocurran de nuevo, y tendremos la reflexión; que un recuerdo agradable sea más vívido que una impresión desagradable, y tendremos la imaginación.

El siguiente monstruo filosófico recordado por Borges es el “animal hipotético” de Lotze, ser que tiene por misión volver innecesarias las categorías kantianas.

Más solitario que la estatua que huele rosas y que finalmente es un hombre, este animal no tiene en la piel sino un punto sensible y movible, en la extremidad de una antena. Su conformación le prohibe, como se ve, las percepciones simultáneas. Lotze piensa que la capacidad de retraer o proyectar su antena sensible bastará para que el casi incomunicado animal descubra el mundo externo (sin el socorro de las categorías kantianas) y distinga un objeto estacionario de un objeto móvil.

Borges pudo haber añadido este otro, propuesto por Alan Turing en 1948 bajo el título “Maquinaria inteligente: una teoría de herejes”. Su objetivo es postular la factibilidad de unas “máquinas que simularán el comportamiento de la mente humana de manera muy aproximada”. Atocha Aliseida traduce éste y algunos pasajes, y resume de este modo la propuesta de Turing:

Inicialmente, dice: una máquina es como un bebé al que hay que enseñar diversas tareas. A través de la educación, este crío puede convertirse en un infante, y eventualmente en un adulto. El aprendizaje se da por medio de la experiencia; esto es, gracias a la interacción con un instructor humano, quien no sólo le enseña tareas matemáticas y de otra índole intelectual, sino que también expone a la máquina a sensaciones. Por ejemplo, el instructor le enseña a reconocer los estados de dolor y de placer, de tal manera que, basada en experiencias anteriores, la máquina eventualmente distingue las experiencias dolorosas de las placenteras
Es clave que la máquina cuente con una memoria que le permitirá almacenar experiencias pasadas y usar- no será infalible: cometerá errores, mismos que le serán señalados por el instructor –a través de castigos–, lo que formará parte de su educación, al parecer de carácter conductista.

Atocha Aliseida, “¿Inteligencia mecánica? La pregunta de Alan Turing”. Ciencia, oct.-dic. 2013, vol. 64, núm. 4.
(Disponible en línea: http://www.revistaciencia.amc.edu.mx/images/revista/64_4/PDF/InteligenciaMecanica.pdf).

Enhanced by Zemanta
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: