Sombra que me devora como el mar


Ésta es la sombra que me devora como el mar, silencio que es filo a ras de mí como la hoja que juzga lo que vale el trigo.
Otra vez me perpetúo como la línea en la mano del agua, que no se sabe con memoria y fluye pensándose ignorante.
Cuando el mar me escribió sobre la arena, me dijo durarás como la elección del fuego, que se prende en el madero y al fin se duerme en el tizón.
Sé de memoria el olvido: puedo deletrearlo con los ojos cerrados o con las pupilas líquidas, con las manos hundidas en la nata de la sombra, con mi boca ahíta de sabor a hielo. En este castillo se me colocó en las almenas para advertir la caída del viento y la bronca jauría de sus gritos.
Cuando esto pase me ocultaré en mí como aquella noche que le anochecer a la noche, con su aurora negra y con su ocaso negro escritos con la tinta de su propia negrura.
Y mientras digo esto las palabras se me hunden como clavos en la lengua, y los ríos hacia dentro llegan hasta mí como sonámbulos murmullos.

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