Qué fuego de aire en los ojos de la sal


Qué fuego de aire en los ojos de la sal. Qué llanto gris en las alturas de la piedra. Qué sendero practicable en las líneas del fuego. Qué aire respirar en la casa de la noche. Con qué lengua decir cuanto nos mira la Luna. Con qué mano tomar lo que nos da el cielo. Con qué llama incendiar los castillos de la nada. Con qué día cortar la tela de la noche, coserla, a cuál dama de silencio deslizarla por el cuerpo, asir su mano, dejarse llevar a los dulcísimos abismos.

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