Pastor de sombras


Alguien que guarda en su mano canciones para el fuego

Azores impasibles dibujan sobre él
la carta celeste de su noche más remota
y son como un lejano grito tan lejano
que ya sólo es rumor leyenda o epitafio

Y lee el azul con mirada que merece la noche
con mano de ciego enrarecido en la inaudible sombra
con susurro y silbo del que llama a quien no se ha ido
Y sonríe como un juego de cuchillos que se hunde en las quijadas
o como el aire tan alto que pasa y nada lleva
nada toca
no lo ve nadie
pero pasó

Y seguro en los senderos de la umbra
sólo conoce la ruta mejor del extravío
la útil para encallar en arena de escorpiones
para volar hasta hundirse en las estrellas
de la mandíbula del cangrejo celestial
Y serán sus pasos dunas en el aire o glifos en el fuego
lenta medusa en cordillera helada
borrón de otra luz en la página del Sol

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