Ciegas


Una casa muy vieja, muy grande.
En ella hay una niña ciega.
Sabe que en la casa no hay en absoluto nadie más, excepto -en otra ala, en otro corredor, muy lejos- otra niña. Ciega. Ella puede escuchar, de vez en cuando, ecos de los pasos de la otra, de alguna palabra, de los ruidos que causa al tropezar con los muebles. Y la está buscando: camina de un lado para otro, la llama, se pregunta si lo que oye son respuestas, tira cosas y las rompe.
Y pasan horas y horas y horas; y las niñas no se encuentran.

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