Historias feudales


En muchos lugares, el señor exterminaba a los siervos. No salía ya de su castillo. No ofrecía más banquetes ni batallas. En derredor, las mieses iban convirtiéndose en maleza y luego bosque. Se podía aún decir que estaba vivo, sólo porque en ocasiones se asomaba por las troneras.
En otros feudos estallaban rebeliones, el señor era asesinado y los siervos se adueñaban del castillo. Y como nadie cultivaba la tierra, su ocupación era el pillaje. Pronto, sus correrías los diezmaban hasta no dejar más que un hombre solitario, encerrado en el alcázar, y que a veces se asomaba por las troneras.

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