Archive for abril, 2015

29 abril, 2015

Belleza, profanación y sacrificio (Bataille)


Si la belleza, cuyo logro es un rechazo de la animalidad, es apasionadamente deseada, es que en ella la posesión introduce la mancha de lo animal. Es deseada para ensuciarla. No por ella misma, sino por la alegría que se saborea en la certeza de profanarla.
En el sacrificio, la víctima era elegida de tal manera que su perfección acabase de tornar sensible la brutalidad de la muerte.

Georges Bataille, El erotismo. T. Antoni Vicens. Tusquets, 2008.

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28 abril, 2015

Vacío azul


El pájaro que no huye
te acepta como parte del silencio:

tu corazón es un vacío azul
donde suceden los pensamientos

25 abril, 2015

Galope del incendio


Galopa el incendio, cocea,
pastizal la noche lo envuelve
con su amor de vendaval y de quebradas luces:
una mirada suya
te encuentra al estrecho paso de los sueño,
sudas, gritas, hablas
una lengua de brasas y tambores
que resuena entretejida en los altos de tu cráneo.
El incendio recorre el llano de las nubes,
elige hembra entre los truenos
y su progenie se desgaja en los barrancos del vacío.
El caballo, en tanto, asciende
a un paisaje de escarpas y de estrellas,
lo aviva la negrura
y estalla al desbandarse en timbales y en chispas.

22 abril, 2015

Tenga una hoz tu silencio


para L. P.

Tenga una hoz tu silencio
que me arranque de la sombra,
y con mi raíz goteante de savia somnolienta
siémbreme a tu orilla,
como a una zarza de lumbre y aguacero.
¿Habrá en ti un rayo
que encienda la piedra de mi ojo
y la enseñe a mirarte con el hierro
que pide tu ámbito de trébol y corolas?
Sea yo el cuervo
convidado al festín de tus estíos
y aprenda los cantos que la noche
labra en la hoguera de tu boca.
O sea yo el perro
que te encuentre al resol en descampado
y reciba así la dentellada
de tu gozo entre el pirul y el hormiguero.

20 abril, 2015

Santa Teresa: “Ni se ve la lumbre, ni dónde está”


Entiende una fragancia -digamos ahora- como si en aquel hondón interior estuviese un brasero adonde se echasen olorosos perfumes; ni se ve la lumbre, ni dónde está; mas el calor y humo oloroso penetra toda el alma, y aun hartas veces, como he dicho, participa el cuerpo. Mirad, entendedme, que ni se siente calor, ni se huele olor, que más delicada cosa es que estas cosas, sino para dároslo a entender.

20 abril, 2015

Labro el tigre


Para C. O.

Labro el tigre con silencio,
de sombra hecho y de recuerdos,
de azogues constantes y de eco,
tiniebla interior cazando por mi arteria.
Labro el tigre que me agosta el alba,
sol lunar y negro estío
que recorre hierro el llano de mi sangre.
Ascienda el tigre los peldaños de marfil,
acójase al palio de su palma,
relumbre entre la niebla del resuello
y guarde, manente y solitario,
el alto de tu nombre,
la dorada columna en tu memoria,
las sofocantes mirras del deseo.

19 abril, 2015

Declaración de principios


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Autor: Alfred Kubin.

Durante una semana, debí dejar solo al monstruo. Eso me produjo mucha angustia, no por él (que soporta bien la soledad), sino por mí pues ¿qué es un hombre sin un monstruo?
Realmente no lo sé, pues al parecer muchos viven sin monstruo y se encuentran satisfechos y hasta orgullosos, si están conscientes de ello (pero son los menos).
Y
sin embargo yo no sabría vivir sin que me siguiera los pasos esta sombra disforme; sin esta voz que me susurra absurdos en momentos inesperados; sin este corazón suplementario que siempre me está sugiriendo deseos prohibidos y, sobre todo, contrarios a mi “verdadero” corazón.
Sí, realmente, no sabría qué hacer sin el monstruo. Despertó en mi pubertad, o un poco antes, y desde entonces adopta diversas apariencias: ora maestro, ora compinche, ora amada. Muchas, no importa cuál: siempre se dedica a inspirar lo monstruoso en mí. Yo voy por la calle, esforzándome por contener lo disforme que lucha por aflorar en mi piel (en las épocas buenas, fecundas), y un júbilo secreto me posee como una tormenta bramando en una botella que encierra un barquito. Cómo tiembla el barquito, cómo cruje. No lo vayan a oír mis semejantes, no me vayan a juzgar o, peor aun, a ayudar.
Y no obstante, por un tiempo debí dejar solo al monstruo. Qué enfermo de normalidad, qué incompetencia para dar pie con bola, para ir rogando y con el mazo dando, para llamar al pan
pan y al vino vino. Sobre todo, cuando decía pan o decía vino, qué sensación de mentir, qué tósigo la palabra en mi boca.
De ello me salva, periódicamente, el monstruo. Como un grotesco enano sobre mi hombro, hablando a mi oído; como una joven ramera pelirroja que se me ofrece en un callejón; como un viejo decrépito que ofrece conjuros tanto más eficaces cuanto más idiotas: no importa, allí está, es él, soy yo, o por lo menos quisiera que fuese yo.

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19 abril, 2015

Nietzsche sobre la “saison en Enfer”


Todo el que alguna vez ha construido un “nuevo cielo” encontró antes el poder para ello en su propio infierno.

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19 abril, 2015

Semillas para un conjuro


Un pulso de voces
contenidas en la muerte
como semilla en el fruto

18 abril, 2015

Yerba seca de mi boca


para L. P.

Llena de sombra
tengo la sangre,
torna al silencio cadmio,
lo incandesce.
Hormigas zumba tu nombre
por las riberas del pecho,
llena la copa
expectante de mi cabeza.

Llega la ortiga
del ansia por tu garganta,
o miel que crepita es
tu cabello.

Desciende la oscuridad
a la mesa puesta
del horizonte,
con banderolas
bengala,
y asciende la umbra,
germina desde tu párpado.

Y tu labio,
cuándo hará brecha
por el matorral de la sangre,
subirá su caudal
de niña incendiaria,
jugará con la yerba seca
de mi boca, pasto seco
de mi frente,
ya! turba expectante
y enmarañada,
                                mi pensamiento.