Dos confesiones


Existe, quizá, lo que podríamos llamar “personalidad de aquelarre”.
Y es posible que yo, a pesar de mi índole pacífica, tenga eso: personalidad de aquelarre.

Para recobrar mi salud, periódicamente debo ¿sufrir? una cierta enfermedad transitoria.
No me refiero, claro, a la “salud” de los médicos, los psicólogos, etc. En cambio, es posible que mi enfermedad sí sea tal desde la perspectiva del médico, el psicólogo, etc.

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