Yermo


Siendo torre de ceniza,
interior, mas descendente,
cuervo de la más angosta noche,
sueño del pedrusco
ahíto de pesar sin ver ni oír.
Nube de los cielos de carbón,
relumbre de un leño abandonado,
sarna de perro que no atina
a dar con la yacija de su polvo.
¿Algo erigir en la llanura
de huesa dispersada y rotos pedernales?

(No mariposa ya
sino de gargajo o de sello funerario.
La última serpiente
se escabulle en los desechos de la yerba
dada ayer al tajo y a la antorcha.)

¿Fijar al párpado tus fases, Luna?
Aquí las nubes: derretida cera;
y la noche se termina al lumbre
descendente sobre el yermo
de sordera.
Asome la tuza
de su reino de raíz y caracol:
mas rechaza lo ofrendado
y es mezquina en las quietudes
del insomnio destellante;
a qué clamar tu hueste, hormiga roja,
si no hay sangre que ansíe
tu paso de férvida ponzoña.

(Alzará el maguey un plumaje silenciario
que al viento estandarte se le ofrezca;
y no habrá ojo que salude su mecida
ni caña que busque su recóndita de miel.)

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