La libertad del monstruo


La llave que libera al monstruo es dorada, translúcida y fluida; y la cerradura son sus propios labios. Él ignora por qué libera al monstruo, y no por falta de respuestas, sino por su abundancia.
Será porque el monstruo es un voraz galope que devora distancias y horizontes.
Será porque el monstruo es una risotada que se eleva en el aire nocturno y se funde con los truenos.
Será porque el vive sólo cuando libera al monstruo, y cuando no, es un muerto que anda.
En otros tiempos se encontraba con el monstruo en sueños, y éste le contaba historias maravillosas como las de los libros de antes de que aprendiera a leer.
Pero un día se intoxicó de sobriedad, y el monstruo dejó de visitarlo. Pues había encerrado al monstruo en una profunda cárcel, pero él ignoraba que lo había hecho; sólo cuando la llave se dejó caer sobre sus manos y le dijo bébeme pudo comprenderlo.
Y le abrió la puerta al monstruo.
En sus años de encierro, el monstruo se había brutalizado, encanallado, y así lo notó cuando lo vio manejarse en el mundo exterior.
Pero el monstruo era el monstruo, con su hermosa desmesura, y no pudo resistirse ya a liberarlo.

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