Deseo de salmo y profecía 1


Dijdem será tu nombre, si te toca el fuego,
y cristal si anidas en el pecho de los árboles,
pájaro si salmón asciendes más arriba de las rocas,
gusano a la muerte de mi Alado y alado si la hoja gustas,
si al seno de mi tronco duermes
y te envuelve el sueño, y es blanco,
y los diamantes dan su luz pero el trueno no te toca.
El camello se echó a andar y le decía al viento:
“Alcab, Alcab, donde yo te vi:
piedra que deshizo el río,
sueño que despertó arena.
Y Alcab, Alcab, ¿no te he visto?
Yo quemé el fénix en la piedra de los astros,
y bebí el agua de los antiguos
y me alcé como fuego con sus frutos”.
Niña serás en tanto clame por tu cuerpo,
niña que acaricia a la serpiente
y en sus hombros lleva el consejo de los cuervos.
En tus ojos se agitarán las mieses
y una guadaña de besos herirá tu fin.
No es muerte quien te sigue
ni día lo que acompaña al cortejo de tus noches.
El manantial de bendiciones brotará cabe el ángel,
y las piedras, rotas a canciones,
y palmas que se alcen como manos,
y bendiciones a recuas, entrando al pueblo agobiadas de polvo y látigo y maldiciones.
Mas no serán la mula y el asno quienes queden fuera
aullando su abandono a las puertas de mi casa.
No será el león quien pague por mi sangre,
ni el fuego a quien acuse mi ceniza.
Hubo una vez el viento, con sus pasos de escarcha,
y una dama escondida entre sus riscos,
y un espejo. El espejo se rompió y llegó a mi alma
y dijo sus canciones como Juan de Nieve,
como Juan Sarcasmo se vistió de escarcha
y alimentó al oso y compartió su miel.
Se rompió el espejo y llegó a mi alma,
dijo los enigmas, vino al templo y empuñó la hoz.
No será el lobo quien lo acuse,
ni la serpiente escupirá ponzoña.
El tigre quizá venga como un maestro
o la pantera surja como un ánfora
enterrada a medias en la arena,
pero no habrá juicio para ellos,
ni les negaré el agua
ni el pan que se torna oro.
Dancen, ángeles,
como las hijas del Nombre que se nombran astros,
ebrias de un girar que se hundirá en sus cuerpos
y poseyó los corazones,
e idéntico fue a la quietud y su rostro de nieve.
Pero a donde el espejo vaya serán canciones,
y no habrá mundo ni leño
ni lugar para que halle un último nido.

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