Deseo de salmo y profecía 5


Este árbol que elevas sobre mí
se llama tu Nombre.
Crece alto, llueve sombra,
carga sus manos y hombros de niñas rojas,
niñas verdes, olor a manzana,
¡y el sol que rebosa la fronda,
copero salvaje derrama la sidra!
Sol y nube, y sal a montañas,
y ámbar colgante sobre el pecho:
vengan tus cabras a triscar mis laderas,
vengan mis ríos a llevarse tus niños,
tus niños jinetes a lomo de agua.
Si un canto ascendiere por las breñas,
miel lo llames, sauce lo formaras;
si alza un plumaje de vivos albares
y asciende más allá de mis frondas, y brisas, y cumbres,
¿cuál es su nombre? ¿cuándo aparece a cantar a tu mesa,
a decir los enigmas, a llevarse las joyas?
Vino en verdad un ardiente
a pararse al hombro de un princesa,
a cantarle canciones, a decirle los reinos;
sus días enhebra con hilos de sueño,
sus labios adorna con sed tan dulce.
Un ardiente vino, de plumas de fuego,
de pies de cristal, ojos de gema;
traía en las patas una rama de sauce,
un mensaje del trueno, yerba del monte.
Se fue. Dejó la ceniza,
dejó su recuerdo, las nubes lo llaman.

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