Donde el fuego responde a lo lejos al agua


Terrazas, panales, el sueño que cae del verano
como una canción antigua y muy joven,
muy dulce, un poco muchacha que gime,
un poco rumor de niños en torno a la fuente.
Aquí las palomas. Aquí el aire como soplo de besos,
la hoja que duerme en el pecho del musgo,
las caídas del agua, el dulce canto del fuego
si lo ronda la tarde.
Yo tenía pies y manos como un ángel
que fuese tortuga,
portaba luz, traía luna a mi espalda.
Pájaros venían a mi sueño
como quien conversa con un árbol que escucha y asiente.
Los bosques sabían de mí y dejaron en mi pecho
piñas y ardas y la raíz de lumbre,
una luz que es del cielo pero ha raíz,
una llama blanca y sin sombra, de sal.
Una bestia dulce y callada
se acurrucó a mi costado,
con respiración pausada, con tibieza de vino,
un poco recuerdo de estrellas futuras
y un poco sedimento de fatiga y olvido.
De su corazón llegaba
una marea de sílabas, un oleaje de voces,
como sillares, como vigas
para hacer la casa y soñar los habitantes.
Donde el fuego existe se conservan los ritmos,
donde el fuego responde a lo lejos al agua,
y es un diálogo de amantes antiguos:
“Las estrellas,
este polvo lejano como retorno de cisne
y el claror que nace, como una doncella.
Ah mis ropas de ciervo verde,
crecido entre helechos y alimentado de luna,
un poco hermano de los pueblos ocultos,
un poco rey de una gente exiliada.
¿Me buscas? ¿El aire sigue tu curso
como las aves blancas que siguen las velas?”
“Cada noche te enciendo un ángel a orillas de mi ventana.
Cada tarde las campanas se llenan de mi voz
y a la mañana te buscan, te llaman,
con mil lenguas que se elevan del bronce,
con silencio que mora en el alba.
Yo te cuido una rosa en la vena más clara
de cuantas pulsan en mi brazo más blanco;
y la rosa se prende, se encona,
son otros labios que piden tu nombre,
es un pez rojo con nostalgia de alas”.
¿Quién prepara vinos como animales menudos
y los oculta en redomas y los guarda del sueño?
Velan ellos en los armarios dormidos,
meditan ellos en los cuartos que duermen.
Un vino así se vuelve en monedas,
se abre en jardines o fuga en cascadas;
un vino así le pertenece a lo alto:
viene un ángel, lo toma,
pide rescate de él y defrauda.
¿Pero en esta mies quién necesitaba
frutos que bullen como niños de astro?
Y con estos panes, y con esta agua,
¿quién quería zorros que hablen,
quién se estaba asiendo del aire
y decía llévame, y cantaba en las hojas?
No cantes canciones de niños ausentes
ni digas versos que traigan caracoles.
No guardes la sal de los terrones
ni cantes con pájaros que hablan.
Hay un abismo en el que caben
tus pies, y no más:
muchos cayeron y perdieron la sombra,
otros tornaron, mas cubiertos de yerba.

Anuncios
Etiquetas:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: