Luz que embate por mi dentro


Tembloroso de luz, retoño de sol en la hierba,
carne como el hongo ofrecido a la brisa y el instante.
Y mar. Así la luz que embate por mi dentro,
salada, llena de vida en cardumen,
como un monstruo que surge coronado de algas
y una canción en su garganta
clavada como espina.
Un dios doble rige mi nacimiento;
un agua contrapuesta, una llama oculta,
y un caballo oscuro, al galope,
suficiente para todas las planicies
descansa a la sombra de este único árbol.
De cuantos licores me trae el viento,
¿quién hace luz? ¿quién trae la semilla y la chispa
de los árboles que despliegan los astros?
Trabajo del mar son estas conchas
que retienen canciones de limo,
oscuras naves que parten de la arena
apetentes de sol como un berrendo.
Todos somos oscuros en esta playa.
Todos ocultamos algas o medusas,
un anciano articulado y duro
que bienguarda la sentencia, resiste a la pregunta,
que estará allí cuando el mar se seque
o se retire como quien despierta
y pudoroso dice: me he dormido.

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