Deseo de nupcias reales


Qué plata es la que besa tu cabello,
qué chispas de humo despiertan en tus labios;
qué humo azul asciende por tus muslos,
en tu cadera desprende cántaros y grillos,
por tu cintura ondea una espiga
y llega a tu garganta.
Qué piedra suave, qué piedra viva,
qué paloma de jade en tu garganta
y deja escapar tiempos de sombra,
niños ascua de anís,
caracoles plumosos como silfos de barro.
Y qué licor de dicha guardan tus mejillas
como cofre precioso ocultando el sueño,
más tu oreja, playa de pavanas,
o tus pechos, soles de solsticio
como dos gacelas que desbandan entre viñas.
Y así, umbroso, como un león disperso en sales
o un navío azotado contra el tiempo,
recuerdo las cuentas de tus constelaciones,
de tu párpado a tu ombligo,
de tu pie a tu sien,
de los helechos de tu vientre
a los delfines de tu lengua—
cielo mío de frutos y jazmines,
deseada tierra de nubes y de brisa.

Etiquetas:

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: