Deseo de salmo y profecía 8


En cada polvo cumples siete días
y en cada gota desciendes, avivas, emerges.
Pascua se llame el sol que me hiere
y el agua que me despierta como tu mano al desierto;
Pascua esta liebre que surge del prado,
este germen de grávidos días,
cada hoja, la misma tierra y sus caballos.
Por cimiento de cada vértebra pusiste el fuego,
y el mar aspira y expele en cada torso
—no menos tuya la cueva de las ninfas,
ni la forja oculta en las branquias de la tierra,
ni los caballos límpidos en volutas por el aire.
Tu hijo mira desde cada almendra,
tu hijo alienta en el hogar de la raíz.
Y madre de todos, un ascua arde en cada grieta,
una pluma sola deriva en cada brisa,
una piedra no vista en cada anillo y
cada sombra y cada luz.
Asidos nos tienes por la raizuela más chica,
Señor de la casa, que la hiciste por todos,
dueño del mundo, te desposees en tu hacienda.

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