Al escribir experimento la atmósfera de lo que escribo


Al escribir, experimento la atmósfera de lo que escribo.
Comienzo a escribir algo porque siento que, en parte, mi escrito es dicha atmósfera, y en parte no lo es, sino un ansia de que ella se materialice. Y también un presentimiento de lo que será esa atmósfera cuando logre escribir el texto, y un presentimiento de lo que será el texto que proporcione tal atmósfera.
Escribo una frase, y responde al presentimiento; escribo otra, y no corresponde: es necesario hacer cambios.
Sin presentimiento, no tendría nada con qué juzgar lo que escribo. Así, no lo juzgo con base en principios (los de una estética, por ejemplo), sino con base en un anhelo (prefiero esta palabra romántica para evitar las connotaciones psicoanalíticas de «deseo»).
Y al anhelo, y a la consciencia de que el anhelo se manifiesta en mí, los siento superiores a todo principio (estético, ético…), incluso por encima de los principios que reconozco.
En ese anhelo no encuentro a yo. No lo experimento como algo que yo desee, pero yo tengo el deseo permanente de vincularme al anhelo, de permanecer atento a él y guiar mi vida según él. Quizá el más importante principio de mi vida es seguir al anhelo.
Lo que escribo me interesa como acto suscitador de atmósferas. Sé que puede ser considerado en términos de «lenguaje», «discurso», «retórica», etcétera; mas para mí eso es sólo un punto de vista entre muchos posibles, no un conocimiento acerca de la materia verbal con la que trabajo. Las mismas nociones de «materia verbal» y «trabajo» pertenecen a esa perspectiva que me es ajena. De modo que toda apelación a alguna responsabilidad en nombre de la relación entre mi «discurso» y la «realidad» me resulta ajena. Mi escribir no es un acto de conocimiento ni un trabajo.
De la misma manera, toda actividad artística que se plantee, no como una suscitación de atmósferas —de situaciones de vida—, sino como un ensamblaje de significantes, una producción de discurso —bien como simple juego irresponsable, bien como crítica de la realidad u otra clase de discurso responsable— carece de interés para mí. En todo caso, podré valorarla en sus propios términos; pero me parece engañoso emplear la misma palabra para referirse tanto al suscitar de atmósferas como al ensamblaje de signos.
Lo que escribo me importa en su aparición, y no como aparición de algo más que lo sostenga, algo a lo que exprese de manera satisfactoria.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: