Ser una perpetua Jericó


Si —como alguna vez lo pensé— la poesía fuera una potencia exterior a la realidad, y que la asedia, entonces habría que perder toda esperanza —porque, a veces, la poesía no viene. Sólo si fuéramos una perpetua Jericó, sólo si bastara con atrevernos a traicionarnos: sólo así habría salvación.
Pero si la poesía es la raíz, entonces hay esperanza, porque bastaría con tocarla, con mantenerse en contacto con ella.
La poesía será dios, mejor dicho, dios es la acuñación sustancialista y personificante que se ha hecho de esa vastedad interior.

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