En busca del “dios encarnado” (sueño)


Formábamos un grupo de personas que se habían dispersado por el país buscando al dios encarnado. Una noche, me quedo en una casa que ciertos parientes míos tienen en un pueblo. Mientras me estoy bañando, entra un niño pequeño para que le lave el cabello. Sale, y luego dos más hacen lo mismo, uno después del otro. Son hijos de familias que tienen relaciones más o menos clientelares con mis parientes, quienes acostumbran tener dichas atenciones para sus niños. Al principio cumplo a regañadientes con esta costumbre, pero después, si no con gusto, al menos con buena voluntad.
(Hasta hoy veo que el acto de lavar el cabello de los niños es análogo al bautismo de Jesús por Juan Bautista.)

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