Himno a Lady Cassap


Dibujas un círculo en el espejo; escribes tu nombre (el que todos conocemos); e inscribes el conjuro (que sólo tú conoces).
Princesa, te despojas de tu majestad, te hundes en el fango y emerges transformada en algo mayor: en oficiante.
Princesa: ejecutas la danza de tu resplandor y nos deslumbras, nos ciegas; tú, astro.
Uncidos nos tienes por los ojos. Tus siervos somos.

Tu piel resplandece en la oscuridad, como una constelación que se manifiesta en una cueva.

A la princesa le han escrito su destino. Pero ella, por las noches, dibuja una puerta en la pared del aposento y viaja a otro reino, el suyo, el que ha conquistado.
¿Cómo lo conquistó? Posó los pies desnudos sobre la alfombra de cieno.

Los ojos de quienes no conocen su nombre secreto, de los que no poseen nombre secreto ni conjuro que abre el secreto, si la vieran, verían esto:
Ella se despoja de su manto de armiño y se cubre de fango. Degradación.
Pero quienes poseen nombre y conjuro, cuando abren el espejo, ven:
Ella se quita el manto de armiño y se descubre ella misma de armiño.

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