Archive for septiembre, 2015

24 septiembre, 2015

Falso corrido de la muerte de Polifemo


El fuego que arde como un párpado
eternamente torturado por su ojo,
maceración del sueño,
piltrafa de pigmeos, Polifemo,
cerro de amargales y viznagas
donde falsetean de noche los grillos y el silencio.
Polifemo desmembrado,
putrefacto al sol de la insanía,
soñante de ninfas como nubes
llevadas por el sueño de los vientos.
Polifemo descarnado por machetes
de quienes buscan partes aún comibles,
machacan la víbora en la yerba,
se sientan bajo un árbol seco y beben.
Tus costillas brillarán de noche
como un barco abandonado en altura inhabitable,
parador de tordos, refugio de lagartos,
la araña tenderá una cuerda
de una a otra punta, cazará moscardos.
Las ninfas te huyen como nubes.
Son blancas, ríen, el deseo las dista
como allá lejos el principio de la cordillera,
como el vuelo de los gavilanes que perdió
la era donde no hay conejos.
Son iguales al pastor que enciende
para asar la tuza el hueco de un pirul,
bebe su aguardiente, escupe.

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24 septiembre, 2015

Oráculo de los hijos de Caín


Lo que el fuego arroja de sí como el mar los despojos, la ceniza execrada, el descastado rescoldo, la piedra fría con la marca del tizne. Lo que el cielo arroja con desdén y olvido, el pájaro que devoran las hormigas, la estrella colapsada y que cae sin un quejido, la luna ultrajada y muerta a la orilla de un sendero. Aquellos ángeles que deambulan como perros a la orilla de la ciudad, saltan al cuello del andante, lo roban, quebrantan, escupen. Las antiguas diosas que vienen a pedir tu semilla de noche, sin entrañas para retenerla, sin labios para sorberla, sin uña para dejar su gemir signado en tus brazos y cuello y espalda. Yo mismo, un dios derogado, una sierpe que era animal de más hermosa habla, un gusano que era el fénix y conserva recuerdo y regusto de plumas fulgentes, de osar contra el Sol con otra luz por las alturas. Todo lo que la tierra expulsa de sí, los cadáveres cuyo filiación recusa, las bestias que de antiguo reinaban y hoy son leño quebrado en los barrancos para rapiña del miserable.
Todos estamos aquí, los rechazados; acá es la fiesta del padre Caín, del rey Caín, del que es sacerdote según el orden de Caín. Nos contaremos las historias. Cuando Su dedo grabó en mi frente su mejor poema, un salmo de diamante, no por mano de hombre alguna —descendió como el graznar contra el polluelo, como el graznar contra mi ojo, como el grito contra el que duerme. «¿Qué has hecho de tu hermano?»
Nosotros, cainitas, los de manos blancas, los sin mancha: rastreros, atemorizados desde siempre por el primer crimen, raza que desde siempre puede responder por el hermano.
Nuestras mujeres llevan anatemas por dije de su cuello y de su oreja, donde otras plata, donde otras coral. Cuando nacen, una mano fragorosa deposita un puño de sal sobre sus vientres, y ellas se agrietan, se retuercen, sus gargantas se abuitran, paren allí mismo su primer fantasma. Su corazón, su mandrágora burlona y desleal: esperan en la encrucijada con los muslos abiertos, con gemir oferente. Somos sólo padres de bastardos y ahijados de cornudos, compartimos con la serpiente la tierra y la ponzoña.
Esperamos. Ardemos. Siempre nos estamos consumiendo. Somos hoguera encendida en la playa, páramo seco musitando llueva, cumbre pelada que llama a cabras y cabritos.
La noche no nos abandona. Ella es también presencia de Yahvé: vacía, sarcástica, burlona. A veces nos parece su desvío, a veces querríamos su desvío. Es nodriza que cría sus hijos de leche en el fuego, que los acuna en su seno de piedra, que decreta la sequía y después la abundancia que llama al pillaje.
Somos el animal abyecto que tiene por sombra la silueta del tigre. A veces le vuelve la espalda al fuego y le habla a su sombra. La intima a vivir, a devorar, a zajar. Y se deja instruir por ella. Entonces sus ojos brillan en la umbra y el follaje. No puedo saber si son sus ojos o los míos.

24 septiembre, 2015

Ariadna


La luz juega en tus mejillas y tus hombros, llegas con la altura exacta, con vinos minerales en tu boca y la miel de la tierra escanciada en tus ojos. Te nombro naranjo por el follaje que se despliega de ti y abraza el aire, por el olor que emerge de tu vello con un repicar de llaves del aire, de monedas del sol. Hoy te llamo naranjo por la luz de tus litorales, por tu orilla visitada de barcas, por los delfines que emergen a tu paso. Sí, un mar de luz para anillarte de cardúmenes que arriban con el oro de los mares negros. Tú, Ariadna móvil, barca móvil por los mares de tu ámbito, como gacela del fuego, como pez del aire, como el ángel turbio y balbuceante que arremolina las corrientes de mis venas. Ángel que me fermenta por dentro, me despedaza, me arroja esparcido en los barrancos de tu isla.
Y te diré Andrómeda, por tu cuerpo ofrecido a los caballos de un mar silencioso que te sigue a todas partes, yo lo oigo, de un mar invisible que te asedia, yo lo veo.

20 septiembre, 2015

Cioran: “Convertirse en gelatina prudente…”


Comprender a los otros significa convertirse en gelatina prudente y obediente. Pero ya no vuelve a engendrarse nada más. La comprensión es la tumba del individuo y de la colectividad, que no se mueve si no es con los ojos vendados, con los sentidos en plena ebullición.

E. M. Cioran, Breviario de los vencidos. T. J. Garrigós.

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19 septiembre, 2015

Civilización: “ansia de vicio” (no es Rousseau, es Cioran)


El ansia de dinero, de lujo, de vicio, eso es la civilización. Un pueblo sencillo y probo no se diferencia de las plantas. […] Todo lo que tiene su origen en el orgullo es de breve duración pero la intensidad infinita redime la brevedad temporal.

E. M. Cioran, Breviario de los vencidos. T. Joaquín Garrigós.

13 septiembre, 2015

Juana de Ibarbourou: Los pinos


Yo digo ¡pinos! y siento
Que se me aclara el alma.
Yo digo ¡pinos! y en mis oídos
Rumorea la selva.
Yo digo ¡pinos! y por mis labios pasa
La frescura de las fuentes salvajes.

¡Pinos, pinos, pinos! Y con los ojos cerrados,
Veo la hilacha verde de los ramajes profundos,
Que recortan el sol en obleas desiguales
Y lo arrojan, como puñados de lentejuelas,
A los caminos que bordean.

Yo digo ¡pinos! y me veo morena,
Quinceabrileña.
Bajo uno que era amplio como una casa,
Donde una tarde alguien puso en mi boca,
Como un fruto extraordinario,
El primer beso amoroso.
Y todo mi cuerpo anémico tiembla
Recordando su antiguo perfume a yerbabuena.

Y me duermo con los ojos llenos de lágrimas,
Así como los pinos se duermen con las ramas
Llenas de rocío.

Juana de Ibarbourou, Raíz salvaje, 1922

11 septiembre, 2015

Porchia: el derecho a romperse


Todo juguete tiene derecho a romperse.

Antonio Porchia, Voces

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11 septiembre, 2015

A. Porchia: “Las cosas reales existen…”


Las cosas reales existen mientras les atribuimos virtudes o defectos de cosas irreales.

Antonio Porchia, Voces

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8 septiembre, 2015

Flor que se abre en el centro de lo oscuro


Quien ha mirado la estrella prohibida no vuelve a mirar ya nada:
porque ya nunca desea mirar nada más;
porque ya nunca puede mirar nada más;
porque la dulce violencia de su luz lo ha cegado;
porque la maldición que cae sobre quien mira ya nunca lo abandona.

La estrella emerge en el centro de la noche, más noche que la oscuridad de la noche.
Pero cuán delicada es, flor que se abre en el centro de lo oscuro.
A su luz acude el enjambre de enamorados, su luz respiran con embriaguez, el néctar de su luz liban;
en torno de su luz caen, moscas transidas.

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4 septiembre, 2015

Tres visionarios


Sólo Dios sabe qué sea un ojo, pero los de ella deben de haber nacido directamente de los Suyos.

George Mac Donald (escritor victoriano, influido por el romanticismo alemán), Lilith

***

Jesús dijo: […] Hiende la madera: ahí estoy yo; levanta la piedra y allí me encontrarás.

Evangelio de Tomás

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¡Ay! ¡El mundo está lleno de brillantes resplandores y de misterios, y el hombre los aleja de sí con una pequeña mano!

Baal Shem Tob (místico judío del s. XVIII, fundador del movimiento de los hasidim)