Liv


Tus muslos torrente de cerveza
y la oscura hogaza de tu pubis grita
un correr de lobos entre mieses
o una sombra que baja de los fresnos,
perfuma y cuaja, clama al rayo.
Rubia. ¿Cuánto más ha de fermentarse
para brotar esta palabra sobre el llano de tus hombros?
Será que el sol, por fatigar abruptas playas,
derramó su fuego y condensó tu vientre,
a modo de rocas lo ciñeron tus caderas
y antes de la llama vino el leño,
y antes, recostada en los brezales,
resonó tu risa estampir de cuervos.

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