En el Metro


Pants, backpack, la chica se ha sentado en un rincón del andén. Lee. Alza los ojos con una alegría satisfecha, un poco aislada del tiempo, aunque no tanto para dejar de verse en otras miradas y, brevemente, rápidamente, decidir si alguna migaja de su gozo es robada o no por ojos transeúntes: no,
entonces,
vuelve la mirada a sus poemas.

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