Historia de aparecidos


Le he servido al muerto lo que le gusta; pero no ha venido, como desde hace varias noches.
No sé por qué lo llamo “el muerto”. Por incorpóreo; por su gesto lívido, angustiado; no sé, pero lo llamo “el muerto”.
Ya que tanto se parece a mí, no debería llamarlo “muerto”. No somos iguales, sólo se me parece. Quizá es un reflejo distante de mí, diferido, refractado; quizá atraviesa muchos filtros y tamices del pasado, del futuro o de ambos. Pero en fin: no es idéntico ni es otro, sólo se parece a mí.
La otra noche llegó él y pronunció un largo discurso. Me obligó a tomar el dictado. No recuerdo todo lo que me dijo; suelo cerrar el cuaderno y ocultarlo, porque temo que alguna vez grite una verdad con gritos mudos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: