Archive for marzo, 2016

27 marzo, 2016

Soledad del Rey Helado


Un alto castillo blanco
y un negro pingüino blanco:

majestad del Rey Helado.

La princesa desdeñosa
más doceañero adversario:

soledad del Rey Helado.

Y en soledad pesarosa
  torpe magia tumultuosa:

terquedad del Rey Helado.

Y bruna vampira gótica
es antigua amiga sola:

soledad del Rey Helado.

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19 marzo, 2016

La cortesía de los Cuarenta y siete ronin


Los 47 santos de la religión del rencor son los modelos clásicos de la calma urbana. Al conseguir hallarse solos ante el detestado príncipe Kotsuké, supieron dominar su sed de sangre, y haciéndole grandes reverencias dijéronle:

Señor, nosotros somos los hombres de Taku-mi-no-Kami. Vuestra señoría no habrá olvidado que antaño tuvo con él una querella, a resultas de la cual nuestro amo perdió la vida y su familia se arruinó. Como somos humildes y fieles servidores, nos vemos en la obligación de rogaros con el mayor respeto que os digneis suicidaros en nuestra presencia. Uno de nosotros os cortará en seguida la noble cabeza y la llevaremos todos al campo para depositarla sobre la tumba de nuestro buen jefe.

Esto dijeron. Y como el príncipe no se dignó darse la muerte con sus propias manos, los vengadores se confundieron en excusas y lo decapitaron sonriendo. La palabra sonriendo está en el texto.

Enrique Gómez Carrillo, El Japón heroico y galante. Buenos Aires: Biblioteca Crisantema, 1935, p. 121.

17 marzo, 2016

Año Nuevo


Ha comenzado algo, dicen, y los cohetes revientan.
Algo ha terminado, exclaman, y los cohetes germinan.
Algo se muere, piensan, y creen que algo debe estar naciendo, lo buscan por todas partes:
piden señas a los magos,
consultan a los sabios,
pero todo sólo es un degüello, el degüello mismo de siempre, el constante degüello de la guadaña imparable,
por que los cuellos emergen de la tierra como espigas ansiosas por respirar,
como soñantes que se preguntan si al fin despertaron o es el mismo roñoso dormir de siempre,
el sueño degollador y degollante,
el off with his head de siempre,
la misma madrugada chorreando como siempre la sangre de la noche anterior,
dicen que algo ha comenzado, y cómo se ríen los que bloquean todo comienzo,
dicen que algo termina y cómo se carcajean los mismos que todo lo prosiguen, todo lo repiten, los que se las arreglan para que nada empiece y nada acabe, los garantes de que todo continúe, prosiga y se repita,
más vale que te vayas acostumbrando,
más vale que te acostumbres a haberte acostumbrado,
que no te molestes ni siquiera en dejar constancia,
más vale.

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16 marzo, 2016

Gutiérrez Nájera, Díaz Mirón y González Martínez: tres poemas


ramos martinez-primavera

Alfredo Ramos Martínez (1871-1946) La primavera

Para entonces
Manuel Gutiérrez Nájera

Quiero morir cuando decline el día,
en alta mar y con la cara al cielo;
donde parezca un sueño la agonía,
y el alma, un ave que remonta el vuelo.

No escuchar en los últimos instantes,
ya con el cielo y con el mar a solas,
más voces ni plegarias sollozantes
que el majestuoso tumbo de las olas.

Morir cuando la luz triste retira
sus áureas redes de la onda verde,
y ser como ese sol que lento expira;
algo muy luminoso que se pierde.

Morir, y joven: antes que destruya
el tiempo aleve la gentil corona;
cuando la vida dice aún: “soy tuya”,
¡aunque sepamos bien que nos traiciona!

Ejemplo
Salvador Díaz Mirón

En la rama el expuesto cadáver se pudría,
como un horrible fruto colgante junto al tallo,
rindiendo testimonio de inverosímil fallo
y con ritmo de péndola oscilando en la vía.

La desnudez impúdica, la lengua que salía,
y alto mechón en forma de una cresta de gallo,
dábanle aspecto bufo; y al pie de mi caballo
un grupo de arrapiezos holgábase y reía.

Y el fúnebre despojo, con la cabeza gacha,
escandaloso y túmido en el verde patíbulo,
desparramaba hedores en brisa como racha,

mecido con solemnes compases de turíbulo.
y el sol iba en ascenso por un azul sin tacha,
y el campo era figura de una canción de Tíbulo.

Mi amigo el silencio
Enrique González Martínez

Llegó una vez, al preludiar mi queja
bajo el amparo de la tarde amiga,
y posó su piedad en mi fatiga,
y desde aquel entonces no me deja.

Con blanca mano, de mi labio aleja
el decidor afán y lo mitiga,
y a la promesa del callar obliga
la fácil voz de la canción añeja.

Vamos por el huir de los senderos,
y nuestro mudo paso de viajeros
no despierta a los pájaros… Pasamos

solos por la región desconocida;
y en la vasta quietud, no más la vida
sale a escuchar el verso que callamos.

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16 marzo, 2016

Verano


Alegre galope del relámpago.

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16 marzo, 2016

Anhelosa


Anhelante, Anhaluisa inhaló -anhestésico- el ahroma de la anhémona.

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16 marzo, 2016

De noche


La silla se trepa a la mesa de tanto miedo que le tiene a los ratones.

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16 marzo, 2016

Literatura ptolemaica


El marciano jovial escribe novelas eróticas y poesía hermética.

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16 marzo, 2016

Curvatura del espacio-tiempo


Andando el Tiempo, recorrerá el espacio: descubrirá que se halla en el punto de donde vino.

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10 marzo, 2016

Juana de Ibarbourou: “El estanque”


El estanque es profundo. Nadie sabe su hondura.
Y rodeado de sauces es tan quieto, que apenas
Cuando el viento está loco, su agua lacia se ondula
Con un gesto lentísimo de persona que sueña.

El estanque me tienta con su aspecto hechizado.
Él no sabe de patos, de alguaciles ni ranas,
Día a día yo vengó a tirarle guijarros
Que calladas se tragan las inmóviles aguas.

Si una tarde mi cuerpo ardoroso y delgado,
Al estanque, lo mismo que un pedrusco, resbala,
Con idénticos gestos misteriosos, pausados,
Cerrará detrás suyo sus dos labios el agua.

Será un círculo ancho y ondulante, primero.
Luego otros y otros más pequeños y graves.
Después, nada… La calma, la tersura, el silencio,
Y otra vez el reflejo verde-luz de los sauces.

Raíz salvaje, 1922. (Buenos Aires: Losada, 1965).