J. Cuesta: “El deseo de lo que está remoto y profundo”


Fragmentos de “El diablo en la poesía”. Un propósito didáctico fue lo que me llevó a emprender esta selección (yo mismo era el destinatario de ese propósito). Un beneficio adicional fue notar lo que podría llamarse la “alta densidad aforística” de la prosa de Jorge Cuesta. Afortunadamente, alguien ya se tomó el trabajo de subir entero este importante ensayo: visiten el blog Bitácora de travesías.

  • La revolución es el producto de la inconformidad.
  • Pero esta verdad, que parece evidente, también con mucha facilidad se desconoce, ya que no todo el mundo está dispuesto a aceptar que la revolución es lo que va contra la naturaleza.
  • Pues la naturaleza es lo que no está inconforme, lo que no cambia, lo que permanece de acuerdo con su origen. Si la naturaleza fuera revolucionaria, no podría existir la noción de ley natural.
  • La naturaleza es la costumbre, y la costumbre es la conformidad.
  • Lo revolucionario es lo que va contra la tradición, contra la costumbre; es el pecado, la obra del demonio.
  • Si en la Iglesia Católica se señala al enemigo tradicional de la revolución, es porque la Iglesia es, por excelencia, un organismo natural, una fortificación contra el demonio, una organización de la conformidad.
  • Dice André Gide que “no hay obra de arte sin la colaboración del demonio”. Y lo recíproco es igualmente cierto: no hay colaboración del demonio sin obra de arte.
  • El demonio es la tentación, y el arte es la acción del hechizo.
  • No hay fascinación virtuosa; la Iglesia es sólo muy razonable al prevenirlo: sólo el diablo está detrás de la fascinación, que es la belleza.
  • Por esta causa, es imposible que haya un arte moral, un arte de acuerdo con la costumbre.
  • He aquí por qué son inseparables el diablo y la obra de arte, la revolución y la poesía. No hay poesía sino revolucionaria, es decir, no la hay sin “la colaboración del demonio”.
  • Se atribuye a un distinguido revolucionario mexicano una expresión admirable: “No se hace una revolución con ángeles”. no, en efecto, ninguna revolución es angelical, como no lo es tampoco ninguna poesía.
  • Una poesía que no es lasciva, es una poesía sin belleza, y no hay belleza sin perversidad.
  • Se dice que en Baudelaire nació una nueva poesía. […] Desde Baudelaire la poesía ha adquirido una consciencia de sí misma tan clara y tan libre como no tuvo jamás. Fue Baudelaire el primero que se atrevió a ver en la poesía de una manera absoluta, a la “flor del mal”, a la flor de la perversidad, fue el primero que la concibió como una pura fascinación.
  • No puede olvidarse la parte que tuvo en ella el demoniaco Edgar Allan Poe, ingeniero de la poesía […]; pero a Baudelaire toca la gloria de haber llevado esa ingeniería diabólica a su aguda y celosa perfección.
  • La poesía como ciencia es la concepción cuya fascinante perversidad todavía no llega a admirarse como se debe. La poesía como ciencia es la refinada y pura actividad del demonio.
  • “Poesía moderna” significa, en rigor, poesía posterior a Baudelaire.
  • La ciencia poética ningún límite traza a su demoniaca pasión de conocer; […] no hay afirmación que no se ponga en duda; que no se convierta en problema. Pues ésta es la acción científica del diablo: convertir a todo en problemático, hacer de toda cosa un puro objeto intelectual.
  • Nada me parece más vano que la distinción escolar [..] entre la ciencia y la poesía, entre la inteligencia y la imaginación, y con la que no se pretende, abierta o secretamente, sino despojar a la poesía de su carácter de ciencia, que es su carácter diabólico, a fin de poder identificarla con la fe, que es la ciencia del ángel.
  • Separada, en efecto, de la inteligencia, la poesía consiente a la pasión y es esclavizada por ella, con lo que se salva su alma del demonio, se salva de la fascinación, por la imposibilidad que hay de fascinar a un esclavo, incapacitado, como está, por su cadenas, de ir en pos de lo que lo solicita.
  • La poesía es la tentación, lo que solicita de lejos. Por eso no son sensibles a ella las mentes ocupadas por su proximidad, conformes con la apariencia de las cosas, sin avidez de conocer, sin gusto por la ciencia, que es el deseo de lo que está remoto y profundo.
  • El demonio es perverso; usa caminos largos y tortuosos. Para seguirlo en la poesía, hay que soportar el hastío y proceder como el hombre de ciencia: a través de las experiencias más tediosas y superfluas, por medio de las imaginaciones más vanas y extravagantes, y sin violentar al azar.
  • La belleza no está en lo que complace, sino en lo que fascina y se hace perseguir más allá de los sentidos, más allá de la satisfacción, adonde sólo la fantasía puede probar el alcance y la precisión de su poder.

2 comentarios to “J. Cuesta: “El deseo de lo que está remoto y profundo””

  1. Muchísimas gracias por el link ami blog.
    Me da gusto que te haya servido la transcripción.
    Saludos.

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