Sobre el krausismo (de un libro de Joaquín Xirau)


Presentar al krausismo es cosa difícil. Se debe incluir la exposición de un sistema filosófico, semblanzas y anécdotas de sus grandes personalidades, enumerar las instituciones fundadas o transformadas por ese movimiento, etc.
Es difícil, por lo tanto, apoyarse en una sola fuente para preparar una entrada breve, concisa e informativa. Una lista de alumnos, colaboradores y amigos de la Institución Libre de Enseñanza incluye a personajes tan variados como Leopoldo Alas Clarín, Manuel Azaña, el prehistoriador Pedro Bosch Gimpera, Manuel de Falla, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, María Moliner, el premio Nobel de Medicina Severo Ochoa, Eugenio d’Ors, José Ortega y Gasset, Alfonso Reyes, Pedro Salinas, Luis Simarro, Miguel de Unamuno, María Zambrano…
La forma en que éstos se relacionan con el movimiento krausista es muy variada. Consideremos a dos poetas más que mayores, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez. Ambos se consideran discípulos de Francisco Giner de los Ríos. El primero fue alumno de la Institución Libre de Enseñanza; el segundo, no. Pero Juan Ramón fue tratado por el distinguido psiquiatra Luis Simarro, cuya casa era frecuentada por Giner. Y allí Juan Ramón Jiménez conoció y trató largamente con Giner.  Los remito a este artículo de Juan Domingo Argüelles: http://semanal.jornada.com.mx/2017/09/10/juan-ramon-jimenez-en-el-centenario-de-platero-y-yo-1209.html.

El krausismo no fue sólo un sistema filosófico […]. Fue más bien una disciplina, una actitud integral de la vida. A ninguna idea se oponía si era sincera y claramente pensada. Abominaba sólo de los restos opacos y aniquilados de la escolástica decadente dominante en casi todos los centros de educación y les oponía la libertad de investigación, la gozosa preocupación por los problemas y realidades vivas. Muchos de los elementos de aquel círculo no aceptaban el krausismo en su contenido doctrinal y el número de discrepantes fue cada día más numeroso. Su espíritu, empero –el método, la actitud, la libertas de pensamiento y de investigación era aceptado por todos. En este sentido puede decirse que todos los hombres de la España moderna pertenecen en una u otra forma al “krausismo” (18).

Todo esto es perfectamente normal. […] Pero la España de la época era todo lo contrario de un país en estado normal. Se hallaba alejada del pensamiento filosófico y de la investigación científica, cerrada a la obra entera del espíritu creador (19).

Se trataba de renovar el viejo espíritu. No de destruirlo. […] Difícilmente se hallaría una concepción que con menos dificultad se conformara con los anhelos morales, políticos y religiosos de la tradición española. La filosofía del derecho, estrechamente vinculada a la ética y a la educación de la humanidad, se sitúa en primer término. La comunidad humana forma una totalidad orgánica con la imagen del Ser divino, y la ley –la ley moral, la norma jurídica y su incorporación personal mediante la acción educadora– es la forma inmanente bajo la cual se desarrolla la vida entera de esa comunidad divina y humana (22).

Las doctrinas de Sanz del Río [introductor del krausismo en España] y de su círculo no tardaron en repercutir en la marcha de los acontecimientos políticos y sociales de España. Los hombres más eminentes de la literatura y de la política se pusieron en contacto con ellos. La España oficial, decadente y corrompida, sintió pronto su presencia como una amenaza “revolucionaria”. La doctrina de Sanz del Río es acusada de panteísta. Uno de sus libros es incluido en el Índice [de libros prohibidos de la Iglesia Católica]. Los periódicos reaccionarios piden su expulsión de la Universidad. Se promueven amplios debates en el parlamento (23).

La Institución [Libre de Enseñanza, fundada en 1876 por Francisco Giner de los Ríos y los demás krausistas, tras ser despojados de sus cátedras y luego encarcelados,] fue desde el primer momento una organización de reforma pedagógica. Siendo la mayoría de sus fundadores profesores de las ramas superiores de la educación, natural era que en un comienzo se limitara a ser una especie de universidad libre. […] No tardaron sin embargo en advertir Giner y sus colaboradores la necesidad de organizar clases preparatorias de segunda enseñanza y qe no era posible obtener la reforma que se proponían sin partir de las primeras edades de la infancia. […] Así, la Institución se transforma en una escuela completa de unos doscientos muchachos que comprenden todos los grados de la educación, desde el jardín de niños hasta la universidad (36).

[Transcripción de los Principios pedagógicos de la Institución (1908), de Manuel B. Cossío:] “Trabajo intelectual sobrio e intenso, juego corporal al aire libre, larga y frecuente intimidad con la Naturaleza y con el Arte, absoluta protesta, en cuanto a disciplina moral y vigilancia, contra el sistema corruptor de exámenes, de emulación, de premios y castigos […]; vida de relaciones familiares, de mutuo abandono y confianza entre los maestros y los alumnos; intima y constante acción personal de los espíritus, son las aspiraciones ideales y prácticas a que la Institución encomienda su obra” (38-39).

Joaquín Xirau. Manuel Bartolomé Cossío y la educación en España. Barcelona: Ariel, 1969. 1a. ed: El Colegio de México, 1945.

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