Archive for mayo 3rd, 2019

3 mayo, 2019

José A. Ramos Sucre: La nave de las almas


Recuerdo apenas el lugar de mi ausencia. Una columna de fuego iluminaba el clima boreal. Yo me había perdido en un desierto de nieve. La voz de mi congoja subía hasta las nubes de ámbar pálido.
Tu fantasma vino de la distancia, en la nave taciturna, dirigida por el vuelo de un albatros herido. Tu vida real se había deslizado, siglos antes, en una ciudad gentil. Shakespeare ha soñado los jardines quiméricos, en donde los señores y las damas de viso porfían a ganar el prez de la agudeza o decantan los méritos del amor con citas y argumentos de Platón. Cipreses y laureles demandan el cielo virginal.
Yo había concebido en torno de tu imagen una leyenda inhumana y señalado tu paso de este mundo en la oscuridad nocturna. Yo deposité furtivamente sobre tu féretro unas violetas, las flores de tu mismo nombre.
Tú me llevaste, en premio de mi fidelidad, al país desvaído de tu vivienda, a un horizonte de ensueño.
Yo presencié el desfile sonámbulo de tus hermanas, las heroínas de la tragedia, y caí de bruces a la vista del dolor, bajo los aletazos de un pájaro vengativo, condenado a la suerte de Satán.

 

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3 mayo, 2019

El nivel de la historia. 2: Informaciones e indicios


Recordemos: las unidades integrativas caracterizan a los personajes, lugares, etc. de la historia. Las hay de dos clases:

  • Informaciones. Ubican la historia en el tiempo y el espacio.
  • Indicios. Otorgan cualidades a personajes, lugares, épocas, etc.

Las unidades distributivas se relacionan entre sí de modo lineal, por así decirlo (de manera sintagmática, para usar el tecnicismo): un nudo es anterior o posterior a otro nudo, es causa o consecuencia de ese nudo (y lo mismo con respecto a las catálisis relacionadas con ese nudo).
En cambio, las unidades integrativas establecen relaciones de manera paradigmática: es decir, dos indicios o dos informaciones se relacionan por su semejanza o su oposición, no por relaciones lógicas y cronológicas. Por ejemplo: si en un pasaje del texto se dice que el personaje Fulano nunca llega tarde y siempre guarda un orden perfecto en su oficina, y más adelante se le muestra dando instrucciones a un empleado con tono seco y severo, ambos rasgos se integran uno con otro a la distancia, vertical o transversalmente.
Vemos como se dan los indicios y las informaciones en los primeros párrafos de un cuento del escritor británico Arthur Machen.

Los niños felices (fragmento)

Un día después de la Navidad de 1915, mis deberes profesionales me llevaron al Norte; o, para ser más preciso, como nuestros convencionalismos, al “Distrito Nordeste”. Había habido ciertas charlas singulares; varios chismorreos respecto a que los alemanes tenían un «escondrijo» por parte de Malton Head. Nadie parecía saber exactamente qué hacían allí o qué esperaban lograr. Mas la información corría como un incendio de una boca a otra, y se creyó conveniente que tal habladuría fuese seguida hasta sus orígenes, y expuesta al público o negada de una vez por todas.
Me dirigí, pues, al Distrito Nordeste, el domingo 26 de diciembre de 1915, y continué mis investigaciones a partir de la Bahía Helmsdale, que es un pequeño pueblo marítimo situado a tres kilómetros escasos del cabo Malton. La gente de los prados y las marismas también se había enterado de la fábula, considerándola con supremo desdén. Por lo que pude averiguar, dicho cuento había tenido origen en los juegos de unos niños […]. Habían improvisado un burdo drama de espías alemanes y su captura, y habían utilizado la Caverna Helvy, situada entre Helmsdale y el cabo Malton, como escenario de sus juegos. Esto era todo; aparentemente, los bobos habían hecho el resto […].
—Los niños forjaron un cuento que no se creían —me espetó un habitante del pueblo, que seguramente me juzgó más prudente que otras personas.
Naturalmente, no podía comprender, pese a todo, que un periodista tiene dos deberes: proclamar la verdad y denunciar la mentira.
A primeras horas de la tarde del lunes, ya había terminado con los «alemanes» y su escondite, y decidí detenerme en Banwick antes de regresar a casa, pues había oído comentar a menudo que era un lugar bellísimo y curioso. De modo que cogí el tren de la una y media, y empecé a internarme, deteniéndome en muchas estaciones desconocidas en medio de las grandes mesetas; cambié de tren en Marishes Ambo, y proseguí el viaje por un territorio extraño, a la escasa luz de la tarde invernal. De pronto, el tren abandonó el terreno llano y comenzó a descender por una cañada profunda y estrecha, oscurecida por bosques a cada lado, amarillenta por las ramas quebradas, solemne en su soledad. Lo único que se movía era el río acaudalado y turbulento que espumeaba sobre las rocas, y formaba plácidos remansos en las orillas.
Los oscuros bosques se diseminaron en grupos de antiguas matas de espinos; grandes rocas grises, de formas raras, surgían del suelo; y otras dentadas se elevaban hacia las alturas a cada lado de la cañada. El río iba creciendo y ensanchándose, y siguiendo su curso llegamos a Banwick al ponerse el sol.
Contemplé la maravilla de la ciudad a la luz del crepúsculo, rojizo por occidente. Las nubes ensombrecían los rosales; había mares de verdor por entre islas de luz carmesí; y nubes relucientes como espadas flamígeras, como dragones de fuego. Y por debajo de aquellos colores, de aquellas luces confundidas se veían las luces del puerto abajo, y más arriba, al otro lado del puente, la abadía en ruinas y la inmensa iglesia en la colina.

Si las informaciones ayudan a ubicar la fábula en el tiempo y en el espacio, entonces resulta muy fácil identificarlas en este cuento. Los nombres geográficos puede que le digan poco al lector mexicano; pero el hecho de que la acción se desarrolle en un pueblo pequeño y luego en una ciudad, de nombre no familiar para nosotros, a la que se llega después de pasar por “estaciones desconocidas”, de cambiar de ruta, etc., nos hace ver que todo transcurre en una región lejana respecto a los grandes centros urbanos. Por lo que respecta al tiempo, todo es aun más claro: la acción transcurre en 1915; junto con las alusiones a rumores sobre rusos y alemanes, basta para ubicarnos en la Primera Guerra Mundial.
Ahora, pasando a la cuestión de los indicios, debemos atender a rasgos como el “territorio extraño”, “la escasa luz de la tarde invernal”, “los oscuros bosques” y “la abadía en ruinas y la inmensa iglesia en la colina”. También es importante el hecho de que para llegar a Banwick el tren tiene que “abandonar el terreno llano” y “descender por una cañada profunda y estrecha”. La oscuridad, los bosques, la antigüedad de los monumentos, el abandono del terreno llano y el seguir un camino descendente y estrecho: todos estos rasgos — estos indicios— van creando una cierta atmósfera de penumbra y misterio, que será de lo más propicia para los acontecimientos que más tarde se desarrollan en el cuento.

3 mayo, 2019

El nivel de la historia. 1: Nudos y catálisis; las secuencias y las macrosecuencias


Las unidades de sentido

Cuando analizamos la historia o fábula de un relato, lo descomponemos en funciones o unidades de sentido. Cada unidad de sentido se puede representar por una oración que expresa un acontecimiento o un estado.
Recordemos que el nivel de la historia corresponde al sentido del relato, no al del discurso, es decir del texto: por ello, las oraciones que usamos para expresar las unidades de sentido no son las que se hallan en el texto, sino que son producto de un esfuerzo, de una abstracción que lleva a cabo quien realiza el análisis.
Las unidades de sentido pueden ser unidades distribucionales o unidades integrativas. Las primeras se dividen, a su vez, en nudos y catálisis, y las segundas, en informaciones e indicios.

    • UNIDADES DISTRIBUCIONALES. Constituyen el hilo narrativo. Hacen que la fábula avance a la conclusión o se estanque.
      • Nudos. Hacen avanzar el relato.
      • Catálisis. Hacen que el relato se detenga o estanque.
    • UNIDADES INTEGRATIVAS. Con relación a personajes, lugares, etc., los ubican en el tiempo y el espacio y los dotan de cualidades que los caracterizan.
        • Informaciones. Ubican la historia en el tiempo y el espacio.
        • Indicios. Otorgan cualidades a personajes, lugares, épocas, etc.

Las unidades distribucionales

Concentrémonos, por el momento, en los nudos y catálisis. Para comprender mejor estos conceptos, un pequeño ejemplo: este cuento de Jorge Luis Borges (que a su vez forma parte de otro cuento, perteneciente al libro El Aleph):

Los dos reyes y los dos laberintos

Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó a construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribo sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: “Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que veden el paso.” Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en la mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con aquel que no muere.

Este cuento ex extremadamente breve. Constituye un ejemplo de minificción. Esta brevedad nos permitiría analizar la fábula hasta el último detalle, distinguiendo cada uno de sus nudos y catálisis. Esto es imposible (o en todo caso innecesario) en textos de mayor extensión y complejidad (pensemos en el trabajo que nos llevaría hacerlo en cualquier novela). De todas maneras, no lo haré aquí. Me limitaré a distinguir algunas unidades que hacen avanzar la historia y otras que no lo hacen, es decir, algunos nudos y algunas catálisis.

  • Nudos: El rey de Babilonia ordena construir un laberinto del que nadie pueda salir; el rey de los árabes lo visita; el rey de Babilonia introduce al árabe al laberinto; el rey árabe se pierde; el rey árabe ruega a Dios; el árabe logra salir; etc.

  • Catálisis: Esto ocurrió “en los primeros días”; la orden se dio a magos y arquitectos; los varones más prudentes no se atrevían a entrar al laberinto; los que entraban no lograban salir; esta obra usurpaba acciones propias de Dios; etc.

Notemos cómo las primeras unidades de sentido, es decir los nudos, constituyen el esqueleto de la acción. Si suprimimos alguna de ellas, la fábula pierde lógica. Suprímase, por ejemplo, la unidad “el rey de los árabes lo visita”: después de la construcción del laberinto vendría la imagen del rey de los árabes perdido en él, sin que mediara una causa previa: que se hubiera perdido y entrado por accidente, o que el rey de Babilonia lo llevara por la fuerza, o (lo que en efecto pasa en el cuento) el de Arabia llega de visita y el babilonio lo lleva al laberinto.

Secuencias y macrosecuencias

Aprovechemos los nudos enlistados más arriba para exponer la idea de secuencia narrativa. Los nudos se organizan en secuencias. Para esto hacen falta como mínimo tres nudos:

  • Acto de un personaje que abre una posibilidad (lo que tradicionalmente se llama planteamiento).
  • Realización de esa posibilidad (lo que siempre se llamo el desarrollo).
  • Culminación o clausura de esa posibilidad, que desemboca en fracaso o éxito (lo que suele llamarse desenlace).

En los ejemplos previos, tenemos la acción inicial del rey de Babilonia (construir el laberinto), su desarrollo (introducir al rey de Arabia en él) y su culminación (el árabe se pierde). Lo anterior constituye una secuencia. Con esta se relaciona la siguiente: el rey de Arabia se pierde, luego implora el socorro divino y al fin logra salir. Vemos así cómo estas secuencias mínimas se combinan entre sí para formar otras secuencias más complejas, a las que llamamos macrosecuencias. En este pequeño cuento, podemos considerar que el conjunto de la fábula constituye la única macrosecuencia que integra a todas las secuencias mínimas; pero esto puede ser mucho más complejo, lo que podremos ver si consideramos el argumento de cualquier novela que podamos recordar.